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viernes, 21 de mayo de 2010

Ciudadanos competentes... ¿Gobernantes también competentes?




Fotografía: GOOGLE IMÁGENES



(De las competencias individuales a las competencias gubernamentales)


Si bien es cierto que a últimas fechas, la euforia por insertar dentro del lenguaje no solamente educativo -sino en casi todos los demás- el concepto COMPETENCIAS, ha ido en aumento, este término ha trascendido vertiginosamente hacia todos los demás ámbitos de la vida del hombre y su pertinencia y aplicación en el ámbito laboral y profesional, también se extiende hacia la esfera de la ciudadanía...

Sin embargo, ¿cuál es el origen de la existencia del concepto COMPETENCIAS CIUDADANAS?...
Como es bien sabido, el término COMPETENCIAS -y de acuerdo con la definición difundida como oficial por la Comisión Europea- se refiere a la "capacidad demostrada de utilizar conocimientos y destrezas". (Feito Alonso:2008)

Para una de los académicos con mayor autoridad en el ámbito educativo, Philippe Perrenaud, "las competencias permiten hacer frente a una situación compleja, construir una respuesta adaptada..." (Feito Alonso:2008); por lo tanto -y acorde a los puntuales lineamientos propuestos por la OCDE para la inserción de las competencias en el sistema educativo nacional- el término COMPETENCIAS, se ha ido incluyendo en todos los planes de estudio de nuestra plataforma educativa focalizando mucho más en los alumnos, el desarrollo de diversas habilidades y capacidades para poder resolver problemas, tomar decisiones e incluso, desempeñar mucho mejor un trabajo.

Aquí es importante destacar y enfatizar, el que trabajar con los niños y jóvenes para desarrollar las competencias, no nos remite a un nuevo modelo pedagógico, sino a otro enfoque desde el cual, poder desarrollar de manera más pertinente el modelo pedagógico en cuestión (que para efectos de nuestro sistema educativo nacional es el modelo Constructivista, como es bien sabido).

Dentro de lo que se considera el eje central de las competencias a desarrollar en los alumnos (desde niveles iniciales como el preescolar hasta el universitario o postuniversitario) se mencionarán algunas habilidades a desarrollar para ilustrar como ejemplo: Competencia en lenguaje matemático, Competencia en comunicación lingüística, Competencia para aprender a aprender y Competencia social y ciudadana, por citar sólo algunas; como se puede evidenciar, dentro de las habilidades y/o destrezas requeridas para los alumnos pertenecientes a nuestro sistema educativo en los tiempos actuales, la COMPETENCIA SOCIAL Y CIUDADANA es un rubro que se ha comenzado a inducir para su trabajo y específica atención dentro de la escuela.

Hablar de competencias sociales y ciudadanas, quiere decir que dentro del currículo nacional, se logre que el niño, adolescente y/o joven universitario, asuma (y haga suyo) no solamente la construcción del conocimiento y la posibilidad de tener la capacidad de hacer uso adecuado del mismo, sino que también interiorice "actitudes y valores que les permita convertirse en ciudadanos bien integrados, capaces de lograr desempeñar tareas útiles, para ellos y la sociedad en general, que les permitan evitar la marginación o el aislamiento... (...) ese aprendizaje se considera básico. (...) no es opcional, es necesario, es sustantivo, es, en definitiva, clave". (R.Ortega:2008)

Ahora bien, si lo que se busca es que los sistemas educativos (en general hablando geopolíticamente) generen CIUDADANOS COMPETENTES, participativos, capaces de una toma de decisiones racional, con criterios de justeza y solidaridad -a la par de su desarrollo en la dimensión cívica y nacional de los pueblos- luego entonces, también debiéramos dar por hecho, que esos ciudadanos tendrán la posibilidad real de ejercer su ciudadanía competente bajo esquemas de gobiernos en la misma igualdad de circunstancias; estamos hablando de que a ciudadanos competentes... gobernantes competentes, ¿o me equivoco?...

Lo preocupante del asunto es precisamente ése: perfectamente sabemos que los gobernantes, dirigentes de estado y demás servidores públicos en escala ascendente y/o descendente, son -casi en su mayoría por no decir en su totalidad- gente improvisada, sin experiencia; gente que quizá, por su lealtad a la militancia, le ha tocado (finalmente) un puesto de acuerdo a cómo se hayan movilizado los intereses, la votación, los adeptos o el posicionamiento del partido en cuestión (trátese del que se trate).

Más terrible aún, el que probablemente, los individuos en cuestión ni siquiera reúnen los requisitos mínimos de años de trabajo como servidores públicos o cuando menos, que dentro del área de trabajo que hayan desempeñado anteriormente a su militancia o a su candidatura... el personaje de que se trate, haya hecho evidente su vocación de servicio hacia el prójimo, hacia el ciudadano... hacia la ciudad, el estado o el país.

¿Conocimiento de la administración del gobierno?...
¿Leve idea de cómo se debe realizar un proyecto de administración gubernamental?
¿Alguna noción del que los problemas y asuntos públicos se resuelven por medio de algo que se llama Políticas Públicas?...

No; y lo más triste es que ni siquiera poseen (o hacen gala) del sentido común mínimo necesario que les dijese que se debieran rodear de un buen cuerpo de asesores con la experiencia anteriormente mencionada y en los ámbitos que debe atender un ciudadano gobernante... y por supuesto, todos con vocación de servicio hacia la ciudadanía y la sociedad a la que pertenecen.

Queda entonces para la reflexión el que, ciertamente, desde la academia, desde la escuela..., se está trabajando contribuyendo a la construcción -valga la expresión- de ciudadanos competentes con la finalidad de generar escenarios nacionales en prospectiva, acordes a la forma de gobernar un país como el nuestro con la pertinente solución de los problemas actuales a futuro; mas... ¿habrá gobernantes competentes capaces de solventar de tú a tú, las habilidades, capacidades, destrezas y toma de decisiones de sus ciudadanos?

Ojalá que esta reflexión pudiese llegar a los actuales candidatos en los diversos puntos políticos y geográficos de nuestro país para que, cuando menos, contemplasen este pequeño punto que, estoy segura, ha pasado (y pasará) inadvertido tanto en sus campañas electorales como en el ejercicio de gobierno que a algunos de ellos, corresponda desempeñar.





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