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viernes, 28 de mayo de 2010

COMUNICACIÓN Y FAMILIA EN EL SIGLO XXI



Fotografía: GOOGLE IMÁGENES


(Recomendación de lectura: ¡A VIVIR! De Gaby Vargas)



Siguiendo una de las temáticas que nos interesan, sabedores estamos de que no podemos desvincularnos de la realidad que nos rodea, donde... o nos ponemos a la última tendencia tecnológica a la moda o sencillamente, estamos desfazados y descontextualizados en proporción a los demás (vecinos, compañeros de trabajo; otras mamás pero principalmente, nuestros hijos).


Sin embargo, tal y como hemos mencionado en otras reflexiones (ver DE FUTBOL, CAMPAÑAS ELECTORALES Y NUESTRA REALIDAD MEXICANA... en este mismo blog):
La familia ha dejado de ser familia, para convertirse únicamente en un grupo, un cierto número de personas con un grado aspiracional de convivencia -que se toleran por vivir en un mismo espacio y bajo un mismo techo- pero sin ningún tipo de convivencia, de plática o de comunicación entre ellos mismos... y todo por la "bienaventurada" presencia de las nuevas tecnologías de información y comunicación (tic's), claro está, entre muchos otros factores de los cuales, no obstante, se destacan los mencionados.

Una prima mía me envió lo que en este momento me parece pertinente compartir; es un texto de la autoría de Gaby Vargas -conocida escritora y comunicadora mexicana-, quien hace mucho tiempo ya, dedica gran parte de su tiempo y ocupaciones a la escritura de textos motivacionales en torno a los valores familiares dentro de la sociedad actual.


Leamos y analicemos qué tan de cierto tiene y en qué medida, tal vez, todos estemos cayendo esa tipificación:

¡¡¡A vivir!!!
Por: Gaby Vargas

Imposible no notarlo.
Un viernes por la tarde en un restaurante, una familia convive de la siguiente manera en una mesa cercana a la nuestra:

El papá conectado a un Blackberry como si se tratara de una extensión de su mano y fuera un elemento indispensable para comer.

La hija adolescente (de unos 17 años) metida en su mundo con una sonrisa en los labios, enviaba mensajes de texto a dos pulgares desde su celular con asombrosa velocidad; estoy segura de que nunca se percató de la compañía.
El niño (de alrededor de 11 años) hipnotizado con su Game Boy, parecía desaparecer del planeta Tierra y transportarse a alguna competencia en un planeta virtual.

Y la mamá, a ratos veía al infinito, hasta que aburrida, se pegaba otro aparato a la oreja y, como el resto de su familia, procuraba conectarse con alguien "allá afuera".

"¡Qué gran comunicación entre ellos!", pensé.
Esta escena es cada día más típica del paisaje urbano.
Lo sé porque la he vivido y trato de evitarla.
Estar conectados es una adicción tan fuerte que nos hace creer que es un mal necesario. Necesito saber en este instante qué pasa en el resto del mundo: asuntos de trabajo, noticias, redes sociales y demás.
Comienza como un inocente pasatiempo, para convertirse paulatinamente en una necesidad y después en una adicción, tal como la nicotina lo es para el fumador.

Sin embargo, esa tarde al ver a la familia, me dieron ganas de sacudir a cada uno de sus integrantes y transmitirles lo que Odín Dupeyrón nos invita a hacer a gritos en cada función de su monólogo teatral ¡A vivir! (por cierto una maravilla de obra).

Tú papá: ¡a vivir!, que esos niños que hoy tienes sentados a la mesa, mañana preferirán estar con sus cuates o respectivos novios.
¿Ya sabes qué les inquieta?, ¿con qué sueñan?, ¿qué quieren ser de grandes?
Pronto quizá se vayan a estudiar fuera, o decidan irse a vivir solos o a probar suerte con una pareja.
La vida se va, se va, se va y se acaba, señores.

Tú mamá: ¡a vivir!, aprovecha esos momentos de oro para platicar con tu familia y comunicarte de corazón a corazón, platícales sobre el libro que estás leyendo, sobre la película que acabas de ver, sobre lo importante que es tener amigos, o bien, sobre lo que más te gusta y te reta de tu trabajo.
Platica con ellos como la persona normal que eres, no como ese agente de tránsito que tus hijos a diario ven en ti: "¿A dónde vas?" "¿Con quién vas?" "¿A qué hora llegas?" "¡Qué horas son estas de llegar!" "¿Ya hiciste la tarea?" ¿Crees que con ese nivel de comunicación buscarán estar contigo?

Ustedes niños: ¡a vivir!, que no siempre tendrán a sus papás disponibles y junto a ustedes.
¡Aprovéchenlos! Pregúnten todo lo que les inquieta de la vida, averigüen cómo se conocieron, qué les enamoró del otro, qué peripecias han pasado para tener la casa en la que viven...
Investiguen un poco más acerca de la vida de sus abuelos.
Les aseguro que no saben casi nada de ellos y que están llenos de anécdotas interesantes y divertidas.
Si esto les parece aburrido, entonces platíquenles cómo funcionan las redes sociales y por qué son tan importantes para ustedes.

¡A vivir!, estar conectados quizá nos da la sensación de estar actualizados, tener conocimiento de los hechos y un sentido de pertenencia; pero si bien es una posibilidad maravillosa, todo tiene un tiempo y un lugar.

Tener a las personas que quieres junto a ti, es un lujo.
Créanme, lo que hoy consideran que será para siempre, no lo es.
Cuando se levanten de la mesa, el momento y la oportunidad de comunicarse entre ustedes se habrá ido, ¿volverá? Nadie lo sabe.


(¡A VIVIR! Gaby Vargas)




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