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jueves, 20 de mayo de 2010

Savater y su pertinente vigencia axiológica...





(Recomendación de lectura, revisión y aplicación en la vida cotidiana en el México de nuestros días)


Hablando de ciudadanía, de educación y principalmente de axiología (entendiendo ésta como la rama de la filosofía que se ocupa del estudio y conocimiento de la Teoría de los Valores, desde las perspectivas ética y estética a partir de la propia interpretación de la escala jerárquica que se adjudique a la asignación de cualidades -o no- de un valor como tal), resulta totalmente permisible, el que bajo el contexto actual de la tan deplorable situación sociocultural (incluídas las aristas económicas y de crecimiento y desarrollo) de nuestro país y más específicamente, del sistema educativo tan desgastado y poco eficiente con que contamos, se preste especial atención al tipo de individuo, de actor social... de alumno -dependiendo del nivel educativo de que se trate- y futuro ciudadano que estamos generando y por ende, egresando.


Al referirme a este punto, lo que se quiere destacar es que precisamente, de estas cantidades industriales de próximos profesionistas (para algunos de ellos) y de mano de obra o fuerza laboral en general (tristemente, quizá para la gran mayoría restante), también se está incidiendo -en sentido positivo y/o negativo- en la formación de los ciudadanos que signarán las características del México del mañana; para tal efecto, es que considero que los análisis del filósofo español FERNANDO SAVATER, en su ensayo LOS DIEZ MANDAMIENTOS EN EL SIGLO XXI (2005; Random House Mondadori. México) para este rubro, se tienen que retomar.



Releyendo al insigne filósofo español quien hablaba en esta obra -de las preferidas por mí- acerca del cómo hacer vigentes y actuales todos y cada uno de los 10 mandamientos de la Ley de Dios en este mundo tan convulso, tan materializado como egoístamente mercantilista, he de mencionar -antes que nada- que no es mi pretensión realizar un comentario de índole religiosa en esta reflexión, ya que no es ni mi interés ni mucho menos mi propósito para el caso que nos ocupa.
No obstante, sí se hace necesaria la revisión del cómo (bajo los roles como ciudadanos y actores sociales) podemos -y debemos- encontrar la vinculación entre nuestra formación en valores y la congruencia con nuestras acciones en el real cotidiano de nuestros días.



Para cada uno de estos preceptos religiosos (sea cual fuere nuestra ideología o idiosincrasia) se ubica un ejemplo concreto de aplicación práctica, que bien se podría contextualizar dentro de las circunstancias actuales de la educación en México y en las de cualesquier otro punto geopolítico del orbe; Fernando Savater nos presenta un panorama -desde el marco de su perspectiva filosófica de estudio y análisis- en donde es totalmente evidente el que no está reñida la esencia (en origen) de cada uno de estos preceptos con aspectos de la formación en valores de todos los seres humanos. Sabedores estamos de que vivimos bajo un sistema de leyes, de normas y de reglas... y la génesis de este decálogo de mandamientos está delimitada por un marco de acción -social, legal, familiar, laboral, etc.) perfectamente definido -tanto en sus alcances como en sus restricciones o limitaciones, por no utilizar la palabra "prohibiciones"), en donde por lo tanto, aspectos de la vida cotidiana y constructos de la naturaleza social y antropológica de los pueblos o grupos sociales (de la naturaleza que sean) no pueden disasociar la vigencia y contextualización de lo que cada mandamiento pretende regir en la vida de los individuos.



Por todo lo anterior, la educación de los niños y jóvenes que pertenecen a nuestro sistema educativo nacional, debiera estar básicamente estructurada en un sistema de valores morales, estéticos y principalmente, ciudadanos... sin dejar de lado el aspecto de la formación en instrucción académica (ahora tan angustiantemente dirigida hacia el desarrollo de habilidades y competencias en los individuos para su efectiva inserción en el mercado laboral, dejando como segundo punto, la simiente académica y de conocimiento... cuestión que en otro comentario aparte, habremos de abordar y analizar).



Las aportaciones filosóficas de Fernando Savater, no pueden ignorarse ni dejarse de lado; ojalá que esta reflexión -más que académica, las asumo como preocupación social y ciudadana- sirva, en primer término, para la puntual lectura de la obra.
Ya después, quizá se tome la decisión de si estamos de acuerdo o no, incluso, no con lo que el filósofo analíticamente expone, sino con el contenido de esta introspección que en este día, hemos hecho para su consideración, su reflexión y su posible debate en la mesa de discusión.



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