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martes, 20 de julio de 2010

EL VALOR DE LA PALABRA...


Manos que hablan
(Fotografía de Néstor Solorio)



EL VALOR DE LA PALABRA...
Cuando niños, la mayoría de nosotros, sabíamos que "lo que se dice, se cumple". Incluso, en la escuela al estar con los amiguitos o compañeros de clase, si tú decías alguna cosa, si llegabas a prometer o a comprometerte para hacer alguna otra cosa, lo tenías que cumplir.

No había de otra.

El valor de la palabra (dicha o no) existía; por mucho que no quisieras cumplir, estaba de por medio tu credibilidad, tu honor... el hecho de que fueses -o ya no fueses- persona de fiar para los demás.

La palabra como tal, se respetaba y por sobre todas las cosas, se cuidaba.

Hablar de cuidar la palabra en este caso, es remitirnos al hecho de hablar de valores; es pensar en aplicar los elementos de la Axiología -como lo ha sido el sentido anhelo de esta publicación electrónica- en el sentido amplio de materializar los valores, principios y ejemplos mismos en nuestra propia vida.

Así como la hermosa fotografía que ilustra esta publicación (Manos que hablan de Néstor Solorio) nos brinda la maravillosa posibilidad de entender que las manos artesanas tienen algo valioso que comunicar al través de sus colores, de sus puntadas, de sus figuras, de sus telas tan alegres y hechas con fibras del campo nuestro... también las palabras que se dicen y que no se cumplen, hay que entender que "no se las lleva el viento" (como mucho se ha querido hacer sentir, saber y nacer en nuestros niños y jóvenes actuales).

No.
Ésas palabras se quedan aunque en contrasentido, por no haber sido capaces de motivar a una acción congruente y de correspondencia justa, al no haberse materializado.

Las palabras permanecen por su valor intrínseco de construcción de significados; de emulación de constructos... de simbolismo en sí mismas; por tanto, no podemos dejar de valorar el hecho de que todo cuanto decimos, vale... permanece... existe.

Así que, cuando digamos algo (o lo prometamos, en este caso), más vale que sí lo cumplamos y lo sostengamos, porque lo que va intrínseco en las palabras mismas, es nuestra persona... es nuestra esencia... es lo que nos hace ser individuos con cualidades y valores mucho más allá de lo que se ve a simple vista o de lo que, tristemente en nuestros decadentes días, materialmente implique... no importando si tal vez, nos privemos de algún gusto o, por el contrario, tengamos que hacer un pequeño gran sacrificio para demostrar que sí somos personas confiables, al cumplir con todo aquello que dijimos o sostuvimos.







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