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jueves, 15 de julio de 2010

¿Por qué es importante ser sensibles a nuestro entorno?

De la concientización, al estado de conciencia ciudadana...
Como individuos que formamos parte de diversos y disímbolos grupos sociales, para conformar un grupo aún mayor llamado sociedad, todos nosotros nos encontramos expuestos a recibir influencias del entorno próximo en el cual vivimos y nos desarrollamos.
Es la ley de la vida.

Si a los adultos nos llega a suceder... ¿cómo no esperar que los niños y los adolescentes sean totalmente susceptibles de ser influenciados e influenciables?...
Los niños, mientras se encuentran en el seno materno, bajo la vigilancia y cuidados (en la niñez primera o temprana) del hogar, están -de alguna o de muchas maneras- salvaguardados de todo aquello que se considere inadecuado, incorrecto, impropio y hasta cierto punto, negativo para su persona.

Sin embargo, al paso del tiempo, los niños ya adolescentes van marcando la pauta de sus propios intereses y motivaciones; si los padres no están al pendiente de cómo se van acentuando esas líneas de acción y motivación en sus hijos, ellos serán el blanco perfecto de toda clase de influencia de la gente con la cual interactúan. El problema es que no es nada más la gente en sí (sean de su misma edad o gente de diversa edad que formen parte de su radio de interrelación); no. La cuestión aquí es que la información, los hechos, las noticias, la publicidad, los arquetipos de moda tanto en televisión, moda o cine, -sin dejar de mencionar a los cantantes de moda, a los grupos, a las tendencias sociales y demás fenomenología que día a día, vamos advirtiendo en el entorno de nuestros hijos, alumnos y demás familiares en la niñez o adolescencia-, y ése es el punto medular que ahora nos atañe.

La falta de sensibilidad que se percibe básicamente en los medios masivos de comunicación, llámese violencia, carga de sexualidad exacerbada, patologías, miseria y evidentemente, falta de valores en los núcleos y entornos en que se desarrollan los niños y jóvenes de hoy, ha agudizado el que los mismos niños y adolescentes, hayan perdido la capacidad de asombro... la capacidad de admirarse con las cosas más simples y sencillas de la vida; que vayan desensibilizándose con respecto del dolor y la crueldad para con los otros.

Cosas tales como el resurgimiento de la Xenofobia (como tiene tiempo que venimos siendo testigos de ella, con los brotes de neonazis y cabezas rapadas en diversas partes del mundo y, tristemente ahora con la polémica Ley Arizona SB1070) hacen que nuestra niñez y juventud, vayan haciendo caso omiso a este tipo de llamados a la conciencia, a la sensibilización... al respeto por sobre todos los valores en el individuo; a la tolerancia, a la solidaridad...
Es sumamente importante que, para la conformación de un verdadero espíritu de conciencia ciudadana, primero hagamos un llamado a la reflexión conjunta, a la concientización del ser, del niño, del adolescente... del hombre en toda la extensión de la palabra.
La labor que hagamos desde el hogar en conjunción con el trabajo arduo en la escuela, será factor decisivo en ese perfil del ciudadano del siglo XXI, no nada más competente académica y funcionalmente hablando, sino con ese espíritu de servicio, de integración a la comunidad en la que vive, buscando la integración dentro de la diversidad en beneficio del bien común.
En todos nosotros está, el contribuir a que nuestras generaciones venideras no sigan creciendo desensibilizadas hacia su entorno y todo aquello que forma parte de él.
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