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domingo, 10 de octubre de 2010

CALENDARIO...







      Fotografía:
 GOOGLE IMÁGENES






Como el suave viento,
la dulce mujer de semblante cansado...
abrió la pesada reja.
Lo había olvidado:
habían pasado más de 20 inviernos presintiendo una llegada
que jamás tocaría a su puerta.


Sin embargo...
frente de sí, tenía a un hombre pasados los 60 años,
con rasgos que en tiempos de madura juventud,
solían serle muy familiares.
De curtida piel (otrora blanquecina)
y de arrugas pronunciadas,
el hombre le veía profundamente con la tristeza
reflejada en su mirada.


La mujer no dijo nada...
La dulce mujer de paciente espera, no dijo una sola palabra
sonriendo débilmente con nostálgica añoranza.


Amarillentos papeles, sacó de su gastado abrigo,
el hombre con gesto anhelante;
y con tímida caricia, los acomodó depositando un pequeño beso en ellos.
La mujer, con lágrimas en los ojos, únicamente veía la escena.


Buscó dónde poder sentarse y con el cansancio a cuestas,
se dejó caer con pesadez en un pequeño sillón que ahí estaba,
observando un maltratado calendario, con mil fechas tachadas.


Cuando él hizo un intento de acercarse,
ella negó con la cabeza.
Acercó su mano -ya con los signos de la edad en ella-
a un viejo bolso que colgaba cerca de la puerta.
En una cartera que en tiempos mejores había sido algo parecida al color rojo,
afanosamente buscó y buscó y buscó...
finalmente, logró sacar cuatro fotografías con la imagen
de un hombre joven y fuerte quien le sonreía promisoriamente...
mirando el reverso donde leía sus promesas eternas
de amor nunca vivido o disfrutado.



Con lágrimas en los ojos,
besó delicadamente cada uno de los retratos
-algo borrosos ya por el paso de los años-
y se las dio al hombre aquél que en silencio también lloraba.
-"Perdóname..."- atinó a balbucear el hombre entre gruesas lágrimas;
-"ya no digas más..."- únicamente contestó la mujer quien en un gesto decidido,
se levantó del pequeño sillón comenzando a caminar lentamente
dirigiendo una última mirada al calendario aquél
que por tantos y tantos inviernos le había fielmente acompañado...
esperando a su único y verdadero amor,
el que amarga y dolorosamente nunca llegó.



Abrió la reja y con el viento...
también salió el hombre aquél de su vida y de su cansado corazón.








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