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viernes, 15 de octubre de 2010

Cuando lo urgente no es importante...

Muchas de las ocasiones, nos hemos topado con situaciones similares a lo que a continuación leeremos: "no tengo tiempo", "luego me dices porque se me hace tarde", "¿te parece si después me comentas? Es que ya me tengo que ir", "estoy cansado... lo siento, más tarde hablamos" y etc.. etc., etcétera.

Sin embargo, pocas veces nos detenemos a reflexionar al respecto.

¿Por qué siempre tenemos que estar presionados, urgidos, estresados y por ende, malhurados?

La gran mayoría de las ocasiones, se nos olvida que día tras día, tenemos una oportunidad más de vida. A cada paso que damos, también tenemos la prodigiosa alternativa de tomar una decisión asertiva, para poder seguir propositivamente con nuestro camino dentro del proyecto de vida que tengamos.
Sí.
Eso es cierto y muy válido. ¡Por supuesto!

Mas... ¿qué sucede cuando quien nos pide un poquito de nuestro tiempo, es uno de los seres que más nos ama y que, precisamente por la profundidad de ese amor desmedido, se conformaría con solamente un minuto de nuestro tiempo?...

Una madre deseosa de que le brindemos una cariñosa mirada, con una complaciente sonrisa aunque sea para escuchar la misma rutina que el trabajo de casa le impone.

Un expectante padre, que aún anhela ver en nuestra mirada, el brillo de la admiración ante sus palabras en un relato que, quizá sea la milésima vez que escuchamos desde la niñez, pero que para él, es como un trofeo de vida por la experiencia recogida.

Un niño...
Un amoroso y dulce niño, que tal vez, ha esperado durante toda una tarde, para vernos llegar extendiéndonos sus pequeños brazos, esperando que le digamos que sí queremos escuchar al señor conejo platicarnos cómo le fue en la escuela y de qué forma se defendió de 30 niños que le querían pegar...

¿Por qué el ser humano es tan egoísta?
¿Por qué, somos tan egoístamente estrechos de mente y principalmente, de corazón?

Ésas son las cosas, las pequeñas cosas que como no urgen, no son importantes para nosotros. Ésas, son las pequeñas y habituales cosas que incluso, llegamos a detestar o a evitar porque nos hacen inmediatamente desarrollar fastidio y chocantez cuando se nos presentan porque forman parte habitual de nuestra vida.

Pero, lamentablemente, ésas pequeñas cosas que ahora no urgen y que por ende, no importan, serán las cosas que más añoremos y anhelemos cuando ya no puedan ser más.

Cuando la madre aquella que tanto nos fastidiaba pidiendo un minuto de nuestro tiempo, ahora únicamente esperará en su última morada, a que llorando clamemos por sus palabras.
Cuando el padre aquél, el que tanto nos aburría contando la misma historia a la que inmediatamente le refutábamos "ashh, pero si ya nos lo has dicho no sé cuántas veces... ¿que ya se te olvidó?", ya no pida esa mirada de admiración, porque simplemente, ya no está más.
Cuando... tristemente el pequeño niño amoroso, se vuelva un adulto frío, desconsiderado y egoísta, siguiendo el ejemplo que le hemos dado nosotros, sus padres, viviendo su vida esperando que no se le moleste pidiéndole ahora a él, un minuto de su amor...

Es aquí cuando debemos valorar el que lo urgente, como el trabajo, como entregar un proyecto, como llegar a una cita, como viajar para cerrar un contrato o como quedarse a trabajar horas extras simplemente porque se ha vuelto la persona adicta al trabajo mismo, no es lo importante.

Lo importante es y siempre será, valorar cada instante de vida al lado de los nuestros; lo importante siempre será, el aceptar que nuestra adorada madre, quizá nos platique lo mismo todos los días, pero para ella, será un momento de convivencia familiar donde le demostramos que todo lo que hace ella nos interesa porque para nosotros es muy importante ya que la amamos.

Lo importante será que a nuestro padre, aunque ya los efectos del Alzheimer estén haciendo estragos y nos vuelva a platicar la historia que desde niñez temprana nos sabemos a la perfección, le hagamos sentir y saber cuánto le amamos y cómo todo lo que dice y hace, es admirable para nuestros ojos y para nuestro corazón.

Lo importante, lo muy importante será... que sepamos guiar a nuestro amoroso niño, prestando atención a sus mágicas historias donde siempre el héroe será él o donde siempre el señor conejo, le platica cómo le fue en la escuela, porque de eso dependerá, que el buen hombre del mañana, no deje para después lo importante, porque no urge.
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