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jueves, 14 de octubre de 2010

Valorar la vida...



ESTAMOS BIEN EN EL REFUGIO LOS 33...

Con estas palabras que contenían simbólicamente 33 caracteres para denotar una esperanza de vida cuando parecía que no había posibilidad alguna para ello, es como se mostró al mundo entero que los 33 mineros que hacía días estaban buscando para cuando menos, saber en dónde se encontraban (sin poder precisar si aún con vida, mas, en realidad, ya casi nadie guardaba la esperanza) se encontraban juntos y todos, milagrosamente bien.
¿Por qué hasta que suceden este tipo de terribles circunstancias es cuando la mayoría de las personas reflexionamos en lo pequeño de nuestra condición humana tan frágil y vulnerable?
Para valorar la vida nuestra, no debiéramos de tener lecciones tan crudas y drásticas como la que en todo el mundo, estuvimos presenciando y siguiendo día a día, con la esperanza de que todo llegara a buen término.
No.
Realmente, para valorar esta vida nuestra, debiéramos hacer conciencia del prodigio de la naturaleza que cada uno de nosotros somos; si ya tenemos la dicha y bendición de ser padres, pues cuantimás debiéramos agradecer al Creador (o en quien nosotros creamos y depositemos toda nuestra fé) que podemos gozar de la existencia de otro prodigio de la naturaleza, de un milagro de vida en la sonrisa de nuestros niños...
El que estos hombres, increíblemente, pudiesen sobrevivir en condiciones tan adversas (donde ni siquiera, se podía respirar de la forma habitual en que lo hacemos o necesitamos hacerlo), debe ser un aliciente para tratar de ser agradecidos con la vida y compensar todas las bondades de que gozamos día a día:
Vivir...
Abrir los ojos cada mañana y contemplar la tibieza de los primeros rayos de luz que penetran por la ventana...
Respirar...
Hondamente...
Profundamente...
Agradeciendo a la vida, una oportunidad más, de ser mejor personas día a día, gozando de salud y de plenitud en todo nuestro ser; estando rodeados de la gente que amamos y que por supuesto también nos brinda todo su amor y cariño.
Trabajando; yendo y viniendo día a día en condiciones óptimas, sin tener que adentrarse en las entrañas de la madre tierra, rezando por tener la oportunidad de regresar con bien una vez más.
Que sea ésta una maravillosa oportunidad de vida para todos nosotros; porque en realidad, la esperanza de un mundo mejor, ha renacido con cada uno de sus rostros al saberse nuevamente con los pies en la tierra y abrazados de su gente... y finamente, respirando sin tener que esforzarse porque el aire penetre hacia sus pulmones.
En verdad... Es un buen momento para reflexionar.
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