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martes, 9 de noviembre de 2010

LA CUBANITA...








La cubanita
(Fotografía de Pedro Arellano Bustos)





Y de nuevo ahí estaba:
aquélla niña de sonrisa afable
nuevamente estaba sentada
(más bien totalmente acomodada)
sobre el cofre de mi auto.

De mil maneras:
sonriente yo,
amable yo,
enérgica yo,
muy molesta yo...
y nada.

Día a día...
noche a noche;
noche y día...
¡día y noche!
¡Siempre se escabullía
para que sin yo darme cuenta,
de un brinco se subiera al cofre!

Para mí era habitual verla ahí;
formaba parte de mis cotidianas cosas,
ya fuere iniciando un día viéndola ahí
o quizá a escondidas y de puntitas,
saliendo del callejón para nuevamente
subirse y resbalarse del cofre de un jalón,
antes de ir a su casa temerosa de un regaño.

Mas...
Un día todo cambió.
Y ya la cubanita no se subió más.
Y esperé a hurtadillas...
y esperé escondida...
incluso, hasta atrás de mi ventana
espiando de vez en vez...
pero ya no logré más ahí sorprenderla.

Nunca supe qué pasó.
Al paso del tiempo, alguien me dijo
que a los cubanos del callejón,
alguien los había denunciado.
Y que huyendo, como si fuesen delincuentes,
con la bruma desaparecieron.

Y la cubanita siempre, a pesar de no saber
nunca más de su traviesa y afable sonrisa,
me acompaña en mis momentos de soledad
o de tristeza...
y de repente me escondo...
de repente me escabullo,
como esperando que del obscuro callejón,
una linda cubanita quiera evadir mi presencia
para hacer su cotidiana travesura.



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