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jueves, 11 de noviembre de 2010

LAS AMIGUITAS...






Las amiguitas
(Fotografía de Pedro Arellano Bustos)






Omara esperaba impaciente;
¡siempre era lo mismo!
"¿Por qué Beatríz toda la vida llegaba tarde?..."
-para sus adentros pensaba-
observando al instante el profundo azul del mar.

Sin mayor aviso más que un grito estruendoso:
(que escandalosamente se escuchaba a lo lejos)
una niña más pequeña presurosa arribaba al sitio.
Corriendo envuelta en un torbellino de risas y de chanclazos,

Beatríz clamaba: "¡Ya voy, Omara... ya voy!"
invadiendo a manotazos la quietud del lugar.


Seria y con el entrecejo fruncido,
de brazos cruzados y negando con la cabeza...
Omara reprobaba la tardanza de su amiga.
Beatríz, divertida y con un mohín de inocencia,
le daba, como todas las tardes
cien mil explicaciones sin real fundamento.

Sin embargo, a los pocos minutos
ambas niñas -graciosas y parlanchinas- 
se acomodaban en el muelle
para realizar su cotidiana labor: 
¡contar los buques que llegaban!

Las risas y la algarabía,
llenaban día a día la habitual
tarea de los hombres en aquel malecón.
Las dos niñas, con los índices señalando
y entre "uno, dos... tres",
formaban ya parte del pintoresco
entorno de tan peculiar lugar.

Y así...
siempre a lo lejos,
los marinos y pescadores
entre sonrisas de complicidad,
esperaban a una refunfuñona niña
que con aire autoritario
amonestaba a otra divertida pequeña
que entre risas la ignoraba.

Y de esa traviesa y juguetona manera,
en el transcurrir de los días y de los meses,
la vida ruda de un inerte muelle
se cubría de inocente alegría
al escuchar el parloteo a lo lejos
de las dos felices amiguitas.
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