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lunes, 27 de diciembre de 2010

La esquina azul...


Esquina Azul
(Pedro Arellano Bustos)



Los recuerdos más atesorados de mi niñez temprana,
se remontan todos, a un maravilloso lugar:
la esquina azul.

Pepe, Juan y yo, éramos inseparables.
Al fin y al cabo, vecinos de toda la vida,
habíamos dado nuestros primeros pasos
casi casi al mismo tiempo,
porque nuestras madres eran amigas de la infancia
y seguían viviendo en el mismo barrio
en que nacieron.

Por lo tanto, mis amigos y yo,
no teníamos otra opción más que repetir la historia.

Nuestro lugar más predilecto era, precisamente,
la esquina azul de nuestra calle;
¿por qué ese lugar ejercía una fascinante seducción
en las travesuras de tres niños callejeros?

Pues bien, ahí vivía una dulce viejecita
que hacía el dulce de leche más delicioso que
en toda nuestra vida habíamos probado...
¡Pepe y Juan siempre peleaban llegar primero
para recibir la porción más grande!
Sin embargo yo, pacientemente esperaba a que,
doña Juana, la viejecita del lugar,
regresara con una porción pequeña,
pero acompañada de un tremendo vaso con leche
por la pena de no poder comer más dulce como ellos.

Y ése era nuestro gran secreto:
la esquina azul permitió que doña Juana
hiciera las veces de amorosa abuela la que,
con sus sabios consejos, supo guiar nuestras vidas
hasta el momento de crecer y hacernos hombres.

Ella murió.
Y como por arte de magia, la esquina azul
perdió su fabuloso encanto.

Los años pasaron y no supe más de mis queridos amigos;
lo único que sé, es que, cada vez que visito a mi madre,
me encuentro con esa hermosa esquina azul,
que a pesar de estar abandonada,
me sigue pareciendo
el lugar más hermoso de la tierra...






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