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viernes, 10 de diciembre de 2010

MADAME GRINDA...








MADAME GRINDA
(Fotografía de Superstición)




Caminaba ligero;
la mujer de facciones etéreas
era casi imperceptible en su andar.
Todos le tenían temor en el pueblo.
Unos decían que había enloquecido de amor;
otros tantos, aseguraban que una noche de luna llena,
su espíritu había volado hasta la punta de un enorme nogal
porque lloraba la tristeza de su soledad.

Los más ponzoñosos,
decían que había sido la querida de un "notable"
y que al quedar embarazada,
la hicieron deshacerse de lo que más había amado
sin importar que de a poco,
fuera muriendo de dolor y quebranto.

Las mujeres del pueblo,
afanosas en sus labores de desprestigiar a la gente,
la veían de arriba a abajo
y se tapaban con el rebozo el rostro
si llegaban a cruzarse con ella.

"Madame Grinda"...
Así le decían los mayores
y los niños angustiados decían que también era una bruja
y que si la molestaban o la hacían enojar,
en horribles sapos apestosos los convertiría.

La mujer sabía...
(y reía para sus adentros).
La mujer de rasgos realmente dulces y serenos,
sabía todos los rumores que se decían a su paso;
lo que nadie más sabía
(y que celosamente guardaba en su corazón)
es que sí, ciertamente: 
un buen día de Dios, amó con toda la intensidad de su ser.

El hombre que también enamorado de ella estaba,
nunca pudo regresar:
al intentar cruzar la frontera, fue muerto por los polleros
que de un balazo le arrancaron la vida.

Y sí...
con el eco de la noche,
Madame Grinda (suave como la bruma misma)
seguía coleccionando rumores y decires,
para tener tan sólo,
en qué ocupar la tristeza de sus días
esperando el anhelando momento, 
de reunirse con su amado hasta el fin de eternidad.



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