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miércoles, 22 de diciembre de 2010

SACRAMENTADO...


Sacramentado!... Sem Volta
(Fotografía de Lourenco BR)



El día finalmente llegó:
con mucho nerviosismo el apuesto novio,
esperaba en la puerta principal.


Una sonrisa a medias
(que más bien parecía angustiosa mueca)
delataba lo que su apostura negaba:
el gran día ya estaba ahí, frente a él...


Los demás miembros del cortejo
cruzaban significativas miradas:
¡después de tanto esperar ya había llegado la novia!


Ella...
hermosa y radiante como mañana de abril,
comenzó a caminar del brazo de su orgulloso padre;
algo de tristeza había en el hombre que,
finalmente, entregaba la razón de su ser
a otro hombre por el resto de su vida.


Sin embargo todo era felicidad.


Los felices novios estaban juntos,
uno al lado del otro,
emocionados y trémulos esperando el gran momento:
cuando el sacerdote les pidió tomarse de las manos
para jurarse amor y fidelidad eterna.


Sacramentado...
Al fin su unión y su amor,
eran algo sacramentado,
donde sus sueños y esperanzas
de una vida y una familia juntos...
tenían la venia divina para iniciar
el largo recorrido de la vida en sagrada convivencia.


Y con un beso sellaron,
ése, su bendito y maravilloso amor, sacramentado.
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