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sábado, 25 de diciembre de 2010

Un 25 de diciembre diferente...


SUNSET IN PUERTO RICO
(Google Imágenes)



Era un 25 de diciembre muy diferente;
como era costumbre en casa,
ese día nos levantamos lo más tarde posible:
entre la algarabía de los primos y tíos,
los más chicos a escondidas,
nos "robábamos" lo que podíamos de la mesa
(porque siempre se quedaba puesta,
lista y servida para que como nos fuéramos
despertando, pudiéramos ir comiendo)...

Sin embargo, no hacía frío.
De hecho en la isla, siempre en diciembre
-cosa muy extraña- bajaba mucho la temperatura.
Para todos era muy curioso que siempre con
calor y lo más ligeros en vestimentas,
la navidad la celebráramos con suéteres.

Mas, ése 25 de diciembre algo sucedió:
hacía un sol esplendoroso...
¡tan hermoso como amanecer de verano!

Todos corrimos hacia la playa así, tal y como estábamos:
en chanclas y hasta descalzos.
Mis hermanas despeinadas y en pijama,
tampoco se fijaron en los vecinos de quienes siempre
se escondían si no estaban coquetas y listas para que
las vieran; no les importó eso ni nada...
¡todos corrimos hacia las arenas cálidas y blandas
que parecían decirnos que era un maravilloso día de navidad!

Y sí que lo fué.
Jamás olvidaré que el famoso "recalentado"
ahora lo hicimos y disfrutamos todos en familia
pero sentados alrededor de una enorme fogata,
escuchando a mi tío Dante tocar la guitarra
como cuando era chico y cantando todos a coro
mientras veíamos caer el atardecer.

Ciertamente... fue un 25 de diciembre muy diferente.
Entre las arenas de la playa y el suave sonido
de las olas del mar meciéndose sin parar.
Sí... fué muy diferente.
Tan diferente que lo llevamos (y llevaremos)
tatuado en el corazón y el pensamiento
como un recuerdo añorado por siempre y para siempre...








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