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miércoles, 19 de enero de 2011

CORRIENDO, ¡SIEMPRE CORRIENDO!


CORRIENDO...
(Fotografía de J. Luis López)

Cuando la campana sonó
¡de inmediato salieron todas corriendo!
Era el recreo del catecismo
y niñas grandes y pequeñas, corrieron por igual.

Daniela, la mayor (y quien daba el catecismo)
fué quien le dió la mano a Pili, la más pequeña
y con toda su fuerza le pidió que también ella, 
le diera la mano a Juanita y a Clara y a Vero...

...Y así, la fila sin orden ni forma,
de siete alegres y ruidosas niñas
cruzaba el agreste terreno de la Casa Hogar
donde habitaban desde toda su vida.

Ninguna de ella jamás conoció madre ni padre;
tampoco sabía lo que era arroparse entre los brazos
de alguna buena mujer llamada abuela...
ni por supuesto tuvieron la dicha de decir: "papá".

Sin embargo, la hermana María,
la religiosa que de forma personal y cariñosa,
había tenido la maravillosa idea de formar esa casa para todas las niñas,
era una mujer amorosa, que trataba de brindarse a ellas día a día.

No vivían con comodidades...
¡mucho menos con lujos!
Mas, ciertamente, sí reinaba un cálido ambiente
de cariñosa unión entre la religiosa y las niñas.

Así que, no era nada raro,
ver a ese torbellino infantil de sonoras carcajadas,
recorrer el patiecillo seco y empedrado
corriendo, saltando y jugando ¡cada vez que se podía!

Sí... Era una hermosa imagen
que cotidianamente se repetía
bajo la mirada observadora y protectora
de la hermana María y de su bondadoso corazón.
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