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viernes, 14 de enero de 2011

DE INCIERTA PASIÓN...

Di passionalitá incierta
(Fabio Caniglia Gallery)

Para Prudencia, éste había dejado de ser un buen día.
De hecho, ¡era fatal realmente!...

Y ahora, estaba a punto de perder 
precisamente lo que su nombre (que no le gustaba nadita)
le dictaba: ¡PRUDENCIA!

¿Por qué las cosas tienen que ser así?
(se preguntaba muy a menudo, tras la acostumbrada riña
con Lalo, su padre y doña Carmen, su tía)...

Prudencia había quedado huérfana de madre
tras el complicado parto de ella;
prácticamente, del vientre de su madre
se fue directo a las manos amorosas de su tía abuela.

(Por azares del destino su tía abuela
llegó a vivir con su padre y con ella, recién nacida y
siempre doña Carmen, estuvo al pendiente de ella,
tanto de sus afanes infantiles, como de sus caprichos más inesperados).

Mas hoy, Prudencia, cumplía 12 años;
¡ya era una niña grande!
Y por tanto (pensaba) no tenía que obedecer más a nadie
¡y menos a la tía abuela tan arcaica y enojona que tenía!

Sin embargo, después del acostumbrado regaño recibido,
Prudencia se puso a pensar qué habría sido de ella, 
sin los amorosos cuidados de la tía abuela, porque
Lalo, su papá, siempre estaba trabajando o viajando.

Y se arrepintió de ser grosera con su tía,
porque al final de cuentas, ella la quería como si fuera su mamá.

Con una lágrima que se escapó de sus cristalinos ojos,
Prudencia fué a la recámara de su tía y le puso sobre
esa cama tan grande con cabecera de cedro enorme,
un hermoso dibujo de un corazón dividido en dos.

Una parte era alegre y hermosa...
La otra parte, aunque trataba de ser igual,
se veía un poco triste, gris y hasta sin vida.

"Querida tía..."
(iniciaba las palabras escritas dentro de ese corazón dividido)
"perdóname por ser así, como este corazón dividido:
una parte alegre como soy, pero la otra un poco triste
y hasta grosera contigo cuando creo que me regañas mucho"...

Y proseguía su cariñoso mensaje:
"yo te quiero mucho... ¡mucho, tía!
y para mí, eres mi mamá y lo serás siempre;
perdóname que tenga dos corazones en uno,
porque a veces así me siento...
como sin saber qué quiero
o adónde ir cuando creo estar sola o triste.
Pero quiero decirte que lo que sí sé,
es que a mi papá y a tí los quiero 
con todo mi corazón, 
que es uno solo y muy muy grande
porque ustedes son todo lo que soy"...

Y al final un garabato a manera de firma
decía:
"Te quiero, tía y aunque no me gusta mi nombre,
gracias por ponérmelo y recordarme que así debo actuar:
CON PRUDENCIA. Un beso, yo: Prudencia"...

Y así termina esta breve historia,
donde una pequeña niña queriendo ser grande,
supo de alguna manera,
controlar esa incierta pasión, que dividía su corazón.
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