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viernes, 21 de enero de 2011

EL CLUB DEL ABUELO...





Fotografía: 
GOOGLE IMÁGENES







Mi abuelo era un gran tipo.
¡Todo un tipazo a decir de los tíos y demás familia!
Siempre sonriendo... siempre alegre, 
¡siempre optimista  ante los retos de la vida!

Una de sus más geniales ocurrencias
fue la creación de un club muy especial:
"El Club del abuelo"...
donde se reunía con sus más entrañables amigos.

Mi gran abuelo: alto, fuerte... ingenioso,
tenía la maravillosa facultad de siempre pensar en los demás.
Reunía a sus amigos ya fuera para jugar dominó,
para visitar niños pobres o simplemente, para recordar viejos tiempos.

"El Club del Abuelo", fue un gran acierto;
comenzaron sentándose en una de las bancas
del parque, en el centro del pueblo
y terminaron ocupando una bodega vieja de la familia.

Mi abuelo logró algo fantástico:
¡que más de 20 estupendas personas
formaran parte de su club!
(Lo cual hacía que se sintiera como "pavo real")...

Estuvieron juntos haciendo de los jueves,
el día del Club ¡sin excusa, ni pretexto!
Algunos jueves, eran de jugar la lotería o el bingo,
cuando los demás estaban absortos en el ajedrez o el dominó.

A mis amigos y a mí, nos encantaba darnos una vuelta por el club;
¡viejitos locos!... Se sentían como exploradores algunos,
planeando alguna excursión para llevar a las niñas del asilo
o a los pequeñitos de la comunidad down a algún sitio increíble o divertido.

Yo lo admiraba... y sé que mis amigos también.

Sin embargo, un buen día, "El Club del Abuelo" 
simplemente no abrió sus puertas porque nadie llegó.

Se había corrido el rumor: mi abuelo había muerto.
Y con él pareciere que habían muerto también
todos los sueños, los planes y los proyectos
de su amado club y de sus queridos amigos.

Nunca volvieron las cosas a ser iguales;
mi madre dejó de cantar y mi padre se volvió taciturno siempre.
Mis amigos y yo crecimos y al paso del tiempo,
dejamos de frecuentarnos y de anhelar estar juntos.

Los otros viejitos locos, simplemente se quedaron en casa
y a algunos hasta los abandonaron en lugares sin alma ni vida;
otros tantos, dejaron morir sus esperanzas con la ida de mi abuelo,
pero yo sé, que dentro del corazón de todos...
hay un rayito de alegre remembranza,
cada vez que alguien evoca la vieja bodega
del tan famoso "Club del Abuelo" tan añorado por mi y por todo el pueblo.







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