Buscar este blog

Cargando...

sábado, 29 de enero de 2011

LOS VOLADORES DE PAPANTLA, VERACRUZ...

VOLADORES DE PAPANTLA
(tan cerca del sol)

Fotografías tomadas de GOOGLE IMÁGENES

Papantla es una región llena de historia, de cultura y de tradición no únicamente para mi estado Veracruz, sino en general para todo México.

Papantla se encuentra ubicada en la región norte del estado; es muy conocida por albergar a la zona arqueológica de EL TAJÍN (un patrimonio cultural e histórico sumamente importante a nivel mundial) y también, por ser un lugar donde el cultivo y producción de la vainilla se realiza incluso, para actividades de exportación.

Sin embargo, algo que hace de PAPANTLA y de su maravillosa gente un lugar digno de conocerse y visitarse es el hermoso vuelo de sus hombres pájaro, es decir, de sus valientes voladores de Papantla.
LA TRADICIÓN DE LOS VOLADORES DE PAPANTLA tiene sus antecedentes en el México antiguo previo a la llegada de los españoles.

De la página oficial del gobierno del estado de Veracruz (mi estado, cuyo nombre completo es VERACRUZ DE IGNACIO DE LA LLAVE), estoy ofreciéndoles la siguiente información para saber más de esta gran tradición totonaca (uno de los grupos étnicos al que pertenece toda la población de la parte norte del estado de Veracruz): LOS VOLADORES DE PAPANTLA, LOS HOMBRES/PÁJARO:



"La Agonía de los Hombres - Pájaro


Voladores de Papantla
Los orígenes de la ceremonia de los voladores se remonta a la época prehispánica. Aunque no se tiene una fecha exacta, se sabe que a la llegada de los conquistadores, sus principales cronistas consideraron esta danza como un juego, quizá porque originalmente el atuendo empleado consistía en trajes confeccionados con auténticas plumas de aves que representaban águilas, búhos, cuervos, guacamayas, quetzales, calandrias, etcétera.


Si bien los antecedentes de la danza no están plenamente identificados, existe una leyenda que describe el posible motivo de la ceremonia: Hace muchos años, una fuerte sequía en la zona del señoría de Totonacapan [que comprende los límites de los actuales estado de Veracruz y Puebla] causó estragos entre los pueblos de la región y diezmó gran parte sus habitantes.


Un grupo de viejos sabios encomendó a unos jóvenes castos localizar y cortar el árbol más alto, recio y recto del monte, para utilizarlos en un ritual complementado con música y danza, con el fin de solicitar a los dioses su benevolencia para que les concediera lluvias generosas que devolvieran su fertilidad a la tierra. Este culto debía realizarse en la parte superior del tronco, para que las oraciones expresadas con fervor fueran escuchadas en las alturas por sus protectores.

Al parecer, el buen resultado que dio esa celebración fue acogido como un tributo que debería realizarse periódicamente, convirtiéndose en una práctica permanente, que en un principio se llevaba a cabo al inicio de la primavera, para esperar una buena fertilidad. Actualmente, las fechas varían según la región.



El Palo Volador

Contrariamente a lo que se piensa, la ceremonia de los voladores no inicia cuando éstos se arrojan al vacío. Hasta hace algunos años, el ritual comenzaba con la selección del palo volador por parte del caporal (máxima autoridad del grupo). Este se internaba en el monte en busca de un buen árbol; al ser localizado, se danzaba en torno, inclinando el cuerpo en forma de reverencia y en armonía con un son conocido como del perdón y se señalaba hacia los cuatro puntos cardinales con bocanadas de aguardiente.



Antes de iniciar el derribe del árbol, se limpiaba el camino de la posible caída para evitar dañar la estructura; posteriormente se procedía al corte: cuando el palo se encontraba ya en el suelo se le quitaban las ramas y follaje hasta dejarlo pelón. El siguiente paso consistía en transportar el poste desde el monte hasta el centro de la población, empleando pequeños troncos a manera de rodillos, por donde se deslizaba y era jalado por los hombres. Quedaba prohibido pasar por encima del tronco o que mujer alguna lo tocara, ya que podría ser un augurio de mala suerte para los voladores.

Al llegar al lugar donde se incrustaría el mástil de madera, se tejía a su alrededor una escalera de liana o soga que permitiera llegar a la punta. Antes de parar el poste en el pozo, se realizaba un ritual consistente en la siembra colocación- de un gallo o siete pollitos vivos, los cuales eran rociados con aguardiente, además de tabaco y tamales, que en conjunto servían de ofrenda para que el poste no reclamara la vida de los danzantes.


El palo volador se compone de: mástil, el cual se encuentra incrustado al suelo, en cuyo extremo superior soporta al tecomate (manzana o mortero), aparato giratorio y principal punto apoyo y equilibrio de los danzantes; cuadro o bastidor, en donde se apoyan los voladores que se lanzarán al vacío, sujetos únicamente por los calbes de lazo amarrado y enrollados a los trinquetes del mástil.


Algo más que adornos

Aunque originalmente la vestimenta de los voladores eran disfraces elaborados con plumas de aves, debido al proceso de mestizaje la indumentaria fue cambiando ante la influencia española. Hoy el traje empleado en el rito es usado por los indígenas totonacas encima de sus tradicionales prendas de manta blanca.



Para la ceremonia, el volador se cubre la cabeza con un pañuelo amplio o paliacate, sobre el que se coloca un gorro cónico, en cuya cima se localiza un pequeño penacho multicolor en forma de abanico que simula el copete de un ave, además de simbolizar los rayos solares que parten de un pequeño espejo redondo que representa al astro.



Unos largos listones de colores se deslizaban por la espalda del danzante, simulando el arcoiris que se forma después de la lluvia. El resto del tocado está adornado con flores de diversos tonos, símbolos de la fertilidad de la tierra.

Sostenidos del hombro derecho en dirección diagonal, sobre pecho y espalda penden dos medios círculos de tela o terciopelo rojo que representan las alas de los pájaras; encima de ellos se encuentran figuras de flores, plantas y aves de distintos colores y tamaños, bordadas con lentejuela, que aluden a la primavera; de la parte inferior penden unos flecos dorados que reproducen los rayos del Sol.


En la cintura del volador, por delante y por detrás, nuevamente se aprecian los dos semicírculos con motivos similares a los antes mencionados. El pantalón de tono rojomuestra, a la altura de las pantorrillas, adornos de chaquira y espiguilla; en la parte inferior se aprecian los flecos dorados, rematados por los botines de piel con tacón alto. El empleo del color rojo es considerado como representativo de la sangre de los danzantes muertos y la calidez del astro rey.


En la Danza de los Voladores la música se encuentra a cargo del caporal, quien ejecuta con un tamborcillo y un flautín todas las melodías: el tamborcillo, elaborado de madera con dos vistas de cuero, se sujeta a la palma de la mano del carpoal por medio de un amarre a manera de pulsera; se golpea con una pequeña baqueta o vara de madera liviana que marca el ritmo. El flautín de carrizo con tres orificios complementa las notas del ritual. La sencillez de los instrumentos no constituye una limitación; al contrario, demuestra una gran creatividad y los conocimientos de armonía y acústica que posee el pueblo totonaca."




¡VISITA PAPANTLA Y
CONOCE A SUS VALIENTES
VOLADORES!

PARA SABER MÁS: 
http://portal.veracruz.gob.mx/portal/page?_pageid=313,4306080&_dad=portal&_schema=PORTAL

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola bien por tu pagina, buen contenido, pero por Dios quita la primera foto, como es posible que ponga eso de 6 voladores desendiendo si solo son 4.

Delia Hernández dijo...

Buenas tardes; agradezco la gentileza de su comentario y sí, observando detenidamente la imagen, ciertamente debieran ser ÚNICAMENTE 4 VOLADORES los que desciendan y no 6, como se aprecia en la imagen. Le comento lo siguiente: la fotografía la tomé de un artículo publicado en el periódico LA JORNADA (versión digital) donde se habla de "Voladores de Papantla y tradiciones de Tolimán, patrimonio de la humanidad", sección CULTURA con fecha jueves 1 de octubre del año 2009. Al revisar el crédito de la fotografía, pertenece al acervo fotográfico del INAH (INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGÍA E HISTORIA)y he ahí, donde también a mí me surge la pregunta del por qué se ven 6 voladores descendiendo y no únicamente los 4 que corresponden -según la tradición y el rito totonaco- a cada uno de los puntos cardinales. Gracias por su amable observación; seguiré buscando información al respecto y cuando tenga el dato exacto, lo vuelvo a publicar y con gusto elimino o cambio esa imagen. Que esté muy bien y muchísimas gracias por su comentario. Espero siga visitando el blog y encontrando datos, imágenes o textos de su interés o agrado. Atentamente, Delia Hernández Miranda.
Le pongo el enlace de la nota para que, si gusta, pueda verificar lo que con antelación le comento
http://www.jornada.unam.mx/2009/10/01/index.php?section=cultura&article=a06n1cul

¡Gracias!

maria martha ulloa fernandez dijo...

Muy buen blog, la informacion concisa y detallada te brinda confianza, felicidades!

maria martha ulloa fernandez dijo...

Muy buen blog, la informacion detallada y concisa te da confianza, felicidades!

Delia Hernández dijo...

¡Hola, María Martha!
Buenas noches desde la región de las Altas Montañas en el estado de Veracruz (México; disculpa la especifidad del comentario, pero ignoro si escribes desde nuestro hermoso país o desde cualesquier otro bello país vecino).
Te agradezco el comentario tan agradable; aunque gran parte del contenido del blog son reflejo de pensamientos y letras que surgen como parte de todo cuanto nace de mi interior, también gusto de compartir información que considero útil o de relevancia para todos. Por lo tanto, también incluyo las fuentes de referencia para que si lo prefieren, vayan directamente a la fuente primigenia o simplemente conozcan la referencia directa.
Mil gracias por la confianza otorgada; ojalá siempre lo que leas aquí, te brinde la misma sensación de estar leyendo información confiable y con sustento bibliográfico.
¡Muchos saludos desde Orizaba, Martha y mil gracias a tí!
Delia Hernández Miranda...