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viernes, 7 de enero de 2011

Seguiré tus pasos...

(Fotografía:
GOOGLE IMÁGENES)

Don Pastor, con paso cansino
caminó hacia la banca del parque;
hacía dos meses que Doña María había muerto.
Y para él, la vida parecía ya no tener sentido...

Sin embargo esa mañana, despertó con ánimo de caminar;
con mucho esfuerzo, a sus 85 años,
se bañó y se vistió con su traje café obscuro
como si tuviese la cita más importante a la cual acudir.

Llegando a la banca donde se sentaba a platicar
con su compadre Don José,
respiró con mucha fuerza levantando su mirada al cielo...
se dió cuenta de que el día estaba hermoso y soleado.

Las palomas caminaban a sus pies,
comiendo las migajitas de pan que Don Pastor tiraba.
Sentía que ese día era especial, único y diferente...
porque había soñado con Doña María sonriente y hermosa.

"Seguiré tus pasos, mi amor..."
(pensaba muy para sus adentros el viejecito)
porque muy a menudo recordaba que ellos se habían prometido
amor eterno hasta que la muerte los separara.

Y sí... la muerte se les había adelantado,
pero no por mucho tiempo.

Don Pastor decidió que ese día sería el último sin su amada
y sonriendo apaciblemente,
alimentó a las palomitas que seguían reunidas en su entorno,
como no queriendo dejarle ir para quizá no verlo nunca más.

Se levantó de la banca:
caminó con decisión y recordó lo que celosamente
había guardado en su cajón del buró izquierdo...
sí, era el momento de hacer uso de lo que con cuidado
y precaución había guardado para ese momento.

"Seguiré tus pasos, mi amor..."...
y Don Pastor, sereno y ecuánime
volteó mirando por última vez, el azul del cielo.
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