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jueves, 3 de febrero de 2011

EL FIN DE LA NOSTALGIA...






FIN DE LA NOSTALGIA
(Fotografía de Fano Quiriego)


Sus enormes ojos negros hablaban sin decir palabra;
en mi extraña incertidumbre, 
de pronto me ví descubierto...
sin poder o hacer más por seguir fingiendo.

Ella me interrogaba silente...
su pequeño y dulce rostro,
con la mirada más hermosa y esperanzadora que hubiera visto,
continuaba interrogándome, cuestionándome... preguntándome.

No pude más y le dí la espalda...
Mi rostro se llenó de impotentes lágrimas
al no encontrar mis labios en mi entrecortada voz,
las correctas y adecuadas palabras que ella deseaba escuchar.

Le pedí que se fuera.
Le supliqué que me dejara solo...
le ordené con voz imperante y autoritaria
que me dejara en paz. Que no diría nada en ese momento...

Mas... esos ojos...
Esos enormes, hermosos y negros ojos
continuaban interrogándome inquisitivamente.
No pude más y volteando hacia ella le pedí que regresara.

Mi dulce pequeña...
mi hermosa creación perfecta
con el bello rostro de la mujer a quien más he amado,
estaba nuevamente viéndome con la luz de la esperanza.

"¿Y mi mamá...?...
¿Cuándo regresa mamá, pa...?"
Ahora yo, el hombre fuerte y el padre de esa criatura
me desmoronaba en sus frágiles y delicados brazos...

"Nita..." -le dije con voz queda-
"Mi nenita linda"... (continué casi murmurando)
"Mamá no regresará, Nita... ella ya está en el cielo
y desde ahí nos cuidará y bendecirá por siempre, nenita"...

Y desde la ventana,
la escena no podía ser más conmovedora:
Nita sonrió con tristeza y una mirada nostálgica 
apareció en el dulce rostro de la pequeña...
Se deslizó cuidadosamente y se acurrucó junto a su destrozado padre
y con mucha dulzura, comenzó a acariciarle el cabello...

"Pa... papaíto...
no se preocupe papaíto...
ella nos cuidará y todo saldrá bien,
ya verá... todo va a estar bien porque yo lo quiero mucho, ¡mucho!"...

Y en ese instante, un hermoso rayo de luz
iluminó la cara de la pequeña niña;
el hombre, desencajado, tímidamente le sonrió
tratando de encontrar en esa hermosa y profunda mirada infantil
las fuerzas para continuar adelante buscando juntos un mejor mañana.

Lo que tanto se había anhelado estaba por llegar:
el fin de la nostalgia.




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