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sábado, 12 de febrero de 2011

EN SILENTE VIDA...




MUTE
(Galería fotográfica de Semmi)



Y como siempre, seguía estando ahí;
mudo... sin decir, sin hablar, sin chistar.
El tiempo ya había comenzado a hacer estragos terribles
pero ni siquiera la espantosa humedad podía opacar su belleza.

Era hermoso... sumamente hermoso.

Los delicados trazos que definían ese rostro silente,
continuaban brindando esa maravillosa sensación de paz
que todos cuantos acudíamos ante su callada presencia,
buscábamos inevitable y afanosamente.

Esa mirada...
Esa dulce mirada.
Tan sólo al posar la vista en ella,
la calidez y dulzura de sus ojos, hacía nacer sutil abrigo en el alma.

¿De qué callada manera,
podría -si no- seguir ejerciendo su mística influencia
el retrato aquél, que por años y años,
permaneciere vigilante y silente desde lo alto de la esquina?

Los mohosos y añosos muros de la casa,
no respetaron su pura existencia...
A cada día y a cada momento, correspondía ahora,
una nueva marca... una nueva mancha de inerte vida.

¿De inerte vida?...
No... más bien, silente vida...
porque lo que ese exquisito rostro proyectaba,
era precisamente, la más cristalina esencia de amor y de vida misma...
sí; de hermosa pero silente vida.




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