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miércoles, 9 de febrero de 2011

LOS DOS ROSTROS DEL ESPEJO...





LOS DOS ROSTROS DEL ESPEJO
(Fotografía: FANO QUIRIEGO)


La bondadosa mujer se sentó frente de sí.
¿Frente de sí...?

SÍ... así fué; se sentó frente a un enorme cuadro 
que le reflejaba tal cual era en esta hermosa y avanzada edad.

Doña Cholita, como todos en el rancho le decían,
era una mujer de gran sabiduría y experiencia;
conocedora de todos los remedios y de todas las curas
para todo tipo de males y enfermedades, 
veía el tiempo pasar así... tranquilamente, sin mayores presiones
o incluso, temores ante el incierto futuro.

Sin embargo, un joven fotógrafo que por esos caminos de Dios
llegó junto con un grupo de estudiantes,
quedó enternecido (y fascinado)
con el semblante de vida en el rostro de la afable anciana.

Doña Cholita, recelosa, riéndose le dijo
que si su alma se iba pa'otro lado,
él tendría la culpa por tomarle esa fotografía
y estarla enseñando a "medio mundo"...

A pesar de su reticencia, la amable señora
finalmente "dió su brazo a torcer"
y gustosa aceptó que el joven fotógrafo
le hiciera una maravillosa toma para conservarla por siempre.


Y ahora... sentada frente a su otro yo,
doña Cholita pensaba y cavilaba -una y otra vez-
en los surcos de vida que por su rostro se apreciaban;
sí... eran ya muchos años y mucha vida la que ahí se contenía y expresaba.


Sonrió; con dulzura y nostalgia,
se levantó de su sillita de madera frente al fogón colocada
y comenzó a organizar el sin número de ramitas y hojitas
que tenía sobre la mesita de trabajo que solía ocupar
haciendo sus atados, ramitos y sobres
con infinita cantidad de mezclas y combinaciones
de acuerdo al remedio o los dolores que se querían aliviar.


Una última mirada echó a su otro yo frente a ella:
respiró profundamente y cerrando los ojos...
pidió con todas sus fuerzas que el Creador de todo lo visible y no,
le permitiera unos añitos más de vida, para seguir calmando
los males y enfermedades de la gente que ella acudía.


Los dos rostros del espejo,
que en realidad eran y seguían siendo uno mismo,
al unísono elevaron una plegaria al cielo infinito...
y volvieron a su dedicada y exhaustiva labor para seguir ayudando,
tan sólo un poquito, solamente un poquitito más...





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