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domingo, 27 de febrero de 2011

TAN FRÁGIL COMO LAS HOJAS...






LEAVES STRIP
(SEMMI PHOTO GALLERY)



Sentada ahí, sin hacer otra cosa más que observar
pasaron algunas horas.


Sí...
Únicamente, observaba callada el movimiento del agua
y cómo las frágiles hojitas caídas de los árboles,
se mecían según las llevaran las ondas y la vibración
en el pequeño lago del bosque cercano a casa.


Mis pensamientos parecía irse junto con las hojas...
En realidad, no quería hacer otra cosa más que mirar;
mirar cómo, confiadas e inocentes,
las pequeñas hojas se dejaban guiar y llevar.


¿Sabrían ellas el destino de su viaje en esas aguas?
No lo sé, pero sinceramente... no lo creo tampoco.


Sin saber por qué, me invadía una sensación de ternura y tristeza
al comprobar, cómo sin voluntad ni poder de decisión,
esas hojas se movían según lo dictaran las aparentemente apacibles
aguas del lago que desembocaba en una pequeña caída de agua.


¿Acaso, lo que más me entristecía, era verdaderamente
el darme cuenta de que me identificaba plenamente
con el destino cruel e incierto de aquellas inocentes hojas,
las que, sin poder oponer resistencia, se movían en el agua?...


Varias lágrimas surcaron mi rostro;
me dolía saber que muchos años de mi vida
los pasé así...
tratando de bailar al ritmo que me imponían,
buscando palabras que no hicieran enojar a nadie
por el simple hecho de complacer
o tratando de ser un punto de equilibrio en una balanza
cargada porque mi lado siempre fué el que perdió.


Una rabia infinita se apoderaba de mi corazón
¡ojalá pudiera intentar algo por aquellas indefensas hojitas!
Mas... mi impotencia fué mayor, al evidenciar
que su destino estaba ya marcado:
no había nada más que hacer.


Sin embargo, lo que ahora me deja esta triste escena...
es que todo tiene un ciclo en la vida;
que para esas pequeñas hojas, el dejarse llevar por la corriente
no era símbolo de debilidad o dejadez, sino más bien,
de continuar con su misión en la vida
y contribuir con la naturaleza a culminar su misión
en este hermoso bosque...


Y que para mí, la lección es aún mucho más grande 
porque entendí que mi ciclo también había llegado a un punto crítico,
donde el dejarme llevar sin ejercer mi voluntad,
también había llegado a su fin;
era el momento adecuado para iniciar una nueva etapa en mi vida
en la que solamente yo regiría mi destino...
en la que solamente yo, diría hacia dónde ir
o con quién caminar...
porque aunque que sigo siendo tan frágil como las hojas,
mi corazón y mi voluntad son únicamente míos y férreos...
como el más puro e inquebrantable acero.







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