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viernes, 11 de marzo de 2011

AL LADO DEL CAMINO...






AL LADO DEL CAMINO
(Fotografía: Roberto Obregón)




Solíamos verles sentados ahí...
al lado del camino (aunque a decir verdad, era de la carretera),
apoltronados en sus sillones de madera
y junto al hermoso macetón rojo.

Los tíos Chole y Carmelo, acostumbraban sentarse
todas las tardes en el porche de su casa de campo.
Bueno, decir casa de campo en realidad, es decir casa...
Y finalmente, hablando de ellos, decir casa es hablar de hogar:
de un maravilloso hogar lleno de amor y de unión familiar.

De niña, me encantaba ir con ellos a su rancho;
siempre me gustó la vida de campo... aunque mis tíos decían
que era porque no sabía lo que significaba trabajar desde el amanecer
hasta que se acababa el día, mas...
para mí, todo era maravilloso cuando estaba con ellos
y cuando pasaba mis días de vacaciones en la casa de campo.

Lo de sentarse al lado de la carretera,
toda la vida (y desde que me acuerdo)
lo hacían como un ritual que no podía dejar de cumplirse
terminadas las labores con la vacas y los caballos de mi tío
-juntos con todos los peones que tenía-
y que mi tía Chole hiciera su consabido pan de natas
que religiosamente con las natas que no se vendían diariamente,
hacía con todo cariño para todos sus sobrinos.

Aunque mi vida cotidiana era de ciudad
en realidad, mi alma era del campo.

¡En verdad!
Mis primos que vivían en el mismo pueblo
que mis tíos, se burlaban de mí
porque me decían que aunque de ciudad,
no dejaba yo de ser como todos ellos:
"una güerita de rancho"
pero refinada... (según ellos).

¡Me moría de la risa y aún hoy día lo sigo haciendo!

Nunca se me hizo el que, por alguna circunstancia del destino,
mi vida -ya como mujer y como madre de familia-
se uniera a la de algún hombre de campo
como todos los que veía desde niña
pasar a jugar dominó con mi tío Carmelo,
pero en el fondo de mi corazón...
anhelo vehementemente el que tal vez...
tal vez...
mi vida pueda estar ligada a dos sillones de descanso
para después de mis labores del hogar y del trabajo en un rancho,
sentarme a ver caer la tarde así...
felíz y sonriente, al lado del camino.



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