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martes, 1 de marzo de 2011

EL VENDEDOR DE HAMACAS...

EL VENDEDOR DE HAMACAS
(Fotografía de Javier Hidalgo)

El joven de sonrisa amable,
como todos los días, se apostó en ése, su lugar de trabajo;
el multicolor cargamento que cotidianamente le acompañaba
fué desatado rápido...
pero cuidadosa y muy hábilmente.

La preciada mercancía,
llena de los más vistosos colores,
era acomodada -una a una-,
como para tratar de que nada las maltratase.

El "diablito" en que las transportaba,
era su compañero fiel e incondicional
para tan importante labor diaria:
el ofrecer, de mil maneras y formas,
las preciosas hamacas tejidas a mano
que Samuel llevaba al centro de la ciudad.

El agradable muchacho,
tan centrado y habituado a su pregonar,
inició un día más de vida y de trabajo
ofreciendo sus productos para facilitar
el descanso y la relajación -según decía-
pudiéndolo acomodar en cualquier pequeño espacio
ya fuera en la casa, el patio o el jardín.

Samuel, el vendedor de hamacas,
era querido por todos los comerciantes del lugar
y muy apreciado por los transeúntes
y demás clientes que por ahí pasaban
porque desde muy pequeño,
era conocido por "el vendedor de hamacas".

Así que...
Si usted anda caminando por el centro de la ciudad
y quiere una hermosa hamaca de mil colores,
no lo dude más:
acuda a la esquina de Samuel, el vendedor de hamacas,
quien no únicamente le ofrecerá dónde descansar
y dormir plácidamente...
sino también, dónde construir sus sueños
tejiendo los más maravillosos anhelos de su corazón.
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