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miércoles, 9 de marzo de 2011

SER MUJER...







CARPEDIEM
(Fotografía: Carlos López "Antakistas")





Ser mujer...
Con gran frecuencia muchos hombres
(principalmente) se preguntan:
en realidad, ¿qué es una mujer?...
¿Sabrán los hombres (asumo se interrogan)
que es una verdadera mujer?

Una mujer es -para todos- el ser que nos dió la vida
agradeciéndole su amorosa presencia desde los primeros pasos
y siendo muy cariñosos ante su sabiduría vivencial
y sus interminables consejos;
para muchos otros, una mujer es la compañera perfecta
con la cual culminar el efímero paso en esta vida terrena
rodeados de amor y de incondicional compañía.
Muchos más, quizá, piensen en una mujer
como el complemento ideal para su masculinidad
otorgando delicadeza y ternura a cada instante de su existencia,
siendo el hombro en el cual descansar cuando la fatiga les invade
y también, viéndola como el dulce regazo en el cual refugiarse
cuando se cree, ya no se puede más.


Pero ser mujer también significa fortaleza
en los momentos de dificultad o problemas...
porque realmente, por muy delicada y frágil que sea
nuestra naturaleza, como mujeres sabemos equilibrar la balanza,
siendo suaves y sutiles como la brisa ligera del mar,
mas también sabemos ser sumamente fuertes
e invencibles, al defender a lo que más amamos...
sean nuestros adorados hijos
o también sea el esperado amor de nuestra vida.


Alguien (alguna vez y hace muchos años ya)
me dijo que encontrar
una verdadera mujer -en toda la extensión de la palabra-,
era como hallar una pequeña y fina aguja dentro de un inmenso pajar;
que él, a lo largo de su vida,
había tenido muchos cuerpos...
pero ninguna mujer como la que Dios había puesto en su camino
y a la que amaba y amaría por siempre
con todo su corazón.


Cierto es; de una maravillosa mujer
todos somos amorosa consecuencia.
Y nosotras las mujeres,
si tenemos la bendición de ser dadoras de vida también,
llegado ese incomparable momento
nos convertimos en los seres más felices de todo el universo
haciéndonos cariñosas madres
ante la mirada complaciente de los nuestros.


Y también muy cierto es, aquéllo que hace muchos años
estuvo tan de moda, al decir que los hombres y las mujeres
somos muy distintos en las maneras de asimilar las cosas;
de asumir los problemas,
de manejar la emotividad
o incluso, de visualizar la vida hacia un futuro juntos.


Mas, desde el origen de la creación,
fuimos hechos para vivir en pareja:
para procrear (como fin básico de supervivencia)
pero principalmente, para compartir
el amor en toda su extensión siendo complemento
perfecto el uno del otro
y siendo dos en uno, viviendo su individualidad
pero guardándose el uno al otro para fusionar su vida y su corazón
en uno sólo único e indivisible.


Así que, si tienes la dicha de tener a una maravillosa mujer
al lado tuyo, ya sea como madre (y ejemplo de vida)
o como compañera, motor y aliciente de tu propio ser y familia
brindándote la oportunidad de ser un felíz esposo y padre,
me atrevo a decirte, sé amoroso con ella
respetándola por sobre todas las cosas;
sé tierno y detallista; cuidadoso y sutil
queriéndola y amándola por siempre...
a pesar, tal vez, de no tener extensiones de vida suya
en pequeños pedacitos de amor como los son los hijos nuestros,
pero viendo en esa hermosa mujer
(no importando realmente
su belleza efímera y física o superficial)
a la mujer especialmente diseñada y creada
para brindarte su calidez femenina
en la forma de una suave sonrisa,
de una dulce caricia
o de un beso totalmente entregado
y lleno de promesas de vida eterna.


Porque para nosotras las mujeres...
lo más hermoso que podemos escuchar
-como madres amorosas y comprensivas-
es un "te quiero, mamá"...
pero como enamoradas y cómplices
o compañeras amantes e incondicionales,
un "te amo y nunca dudes que estaremos juntos,
porque eres todo para mí y por siempre te amaré"
probablemente lleguen a ser
las palabras más exquisitas y anheladas en toda nuestra existencia
que llenarán nuestro amoroso corazón hasta el fin de la eternidad.







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