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martes, 12 de abril de 2011

Cuando el amor es más que la costumbre...


Atardecer romántico en la Albufera
(Fotografía de Pablo Cisneros -ZPEI-)



Estoy tan acostumbrada a tí...
mas no es ése tipo de costumbre
donde todo se vuelve rutinaria actividad
y la esencia de la vida se desdibuja.


No.
Estoy tan acostumbrada a tí
y lo digo así,
cuando el amor es más que la costumbre,
porque siempre estás presente,
aún cuando más te extraño,
porque es cuando más pienso en tí
y en lo mucho que estoy amorosamente habituada
a tus extrapolados estados de ánimo...
o a tus cambios de humor cuando estás tan presionado
o preocupado, mi vida.

A tu risa franca y alegre...

a tus carcajadas ahogadas en las madrugadas
cuando me dices "shhh, ¡shhhh, cállate, cállate...
que nos van a oir los vecinos!..."...

A tus sollozos o quebrantos...

a tus mensajes a la hora que sea,
diciéndome que te hago falta o que ya quieres tenerme junto a tí.

A tus llamadas inesperadas...

o a nuestras citas tan deseadas, cuidadas y anheladas...

Al ruido silente de mi teléfono, cuando en las madrugadas,

(en aquéllos viajes tuyos y consabidas separaciones no deseadas)
me escribías diciéndome que no podías dormir...
porque tuviste un mal sueño
pidiéndome que te abrace y te cuide, como si fueras mi bebé...


Sí.
Estoy tan acostumbrada a tí...
A tus celos por cualquier cosa
(aunque trates de ocultarlos para que yo no me dé cuenta, amor)...


A tus enojos por las cosas que me pasan en casa...
o por las cosas que la gente dice o deja de hacer.

A tus consejos y comentarios tan llenos de amor,

de paciencia y de dulzura, pidiéndome
calma...
tranquilidad y sobre todo mucha comprensión
para tratar de entender a mis padres...
a quienes amo por sobre todas las cosas,
pero que a veces, me cuesta tanto entender.

Estoy tan acostumbrada a tus palabras de amor;

tan cariñosas... tan delicadas...
a tus afanosos esfuerzos porque estemos siempre bien.
Para tratar de a poco,
que nada ni nadie nos haga dudar
o logre tan sólo por un instante separar.
Tan acostumbrada a tí
y a las cosas tuyas;
como acostumbrada a que me chiquees
y me consientas...
preocupándote por lo que son mis cosas
ya fuesen nuestros hijos o ya fuese por mí.

Acostumbrada a que me pidas que nunca deje de amarte

y que siempre siempre te adore tal y como te he adorado cada día de mi vida...
Porque también es una dulce costumbre
el que me digas que pronto, que muy pronto
(más pronto de lo que me imagino)
vamos a estar juntos y para el resto de nuestra vida.

Asegurándome una y otra vez,

que estaremos tan enamorados a pesar de los años...
a pesar de las arrugas en nuestra piel...

a pesar de los cambios físicos en nuestro cuerpo...
pidiéndome que nunca durmamos separados
y que siempre llegue un nuevo día, abrazada a tu pecho.

Y con todo esto, mi amor...
no puede haber ni el más mínimo espacio
para la más pequeña duda,
de que cuando el amor es más que la costumbre...
éste se vuelve un suave y ligero suspiro
que con la brisa cálida que arroja el viento,
llegará hasta nosotros posándose en nuestros enamorados corazones
aún cuando los polvos de los tiempos de invierno
ya estén sobre nuestras manos y nuestras sienes
sellando nuestro eterno amor por siempre.
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