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miércoles, 20 de abril de 2011

EL APRENDIZ...




El aprendiz
Fotografía: Saúl Landell


Érase una vez un pequeño y joven aprendiz.

Todo en su vida se remitía a una sola cosa:
aprender a capturar los instantes de la vida
que sentía eran importantes y maravillosos
para sus pocos años de felicidad en este mundo.

El pequeño aprendiz, solía pararse frente a sus obras;
eran instantáneas de momentos que veía pasar
frente a sus infantiles ojos...
Aquéllos ojos que no por pertenecer a un niño,
dejaban de darse cuenta de las cosas de la gente grande.

El aprendiz junto con su cámara vieja
(regalo de un tío medio hosco pero buen hombre al fin)
no dejaba de fotografiar todo cuanto se le pusiera enfrente:
a las tías, los amigos, las mascotas, la lluvia, el sol... ¡todo en realidad!

Nuestro pequeño niño, se las ingeniaba (sinceramente)
para siempre tener el dinero necesario para su rollo de fotografías.

Aquél tío consentidor, se vió envuelto en una vorágine de seguir
complaciendo el arte visual de su sobrino, "el gran aprendiz de fotógrafo".

Y honestamente, no puedo sino sonreir conmovida
al recordar esta imagen que tengo tan presente
como clavada en mi mente y en mi corazón:
la de un pequeño niño, en pose muy señera...
-como tratando de ser juez de su propio trabajo-
viendo sus hermosas fotografías colgadas de un tendedero
(sin que su madre se diera cuenta, por supuesto
y bajo la mirada en complicidad de su querido tío)
así... con todo y pinzas para la ropa
deteniendo cada una de sus bellas imágenes tan bien logradas.

Sí...

¡El aprendiz ahora se ha convertido en todo un maestro...
un pequeño y gran maestro del arte de construir instantes de vida
al través del ojo sutil, de su vieja y gastada camarita de retratar,
la que no suelta ni para irse a dormir!








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