Buscar este blog

sábado, 2 de abril de 2011

EL CARACOL REY...


EL CARACOL REY
(Fotografía: Saúl Landell)



La sonrisa de un niño...
¡Cuánta ingenua alegría hay en una hermosa sonrisa infantil!

El pequeño infante jugaba a su acostumbrado juego de todos los días
colocando pequeños caracoles en una carretera sinuosa dibujada en el piso;
aquél piso blanco como el más puro mármol
que su madre, afanosamente, limpiaba varias veces al día.

Siempre sonreía con toda su dulzura infantil
a cada movimiento de su pequeña mano;
con la carita pegada al suelo -tal vez porque le gustaba sentir lo frío del mismo-
le hablaba bajito... quedito... muy suavemente, a cada uno de los caracoles.

Sin embargo, en una de tantas y tantas ocasiones
jugando así... mientras su madre
limpiaba una y otra y otra vez el suelo
para que su hijito jugara plácidamente,
una expresión de sorpresa le invadió el rostro por completo:
¡Había encontrado en su caja de conchitas y caracoles,
un caracol de tamaño muy superior a todos los demás,
con los que siempre jugaba!

"¡El Rey!... ¡Tú eres el Caracol Rey!...
¡Mamá, mamá... mira...
tengo al Caracol Rey al fin!..."
Ésa fué la exclamación que salió de su profundo
y ronco pecho infantil, al encontrarse con el enorme caracol
totalmente diferente a los chiquitos con los que siempre jugaba.

La dulce y amorosa madre,
dejó a un lado su interminable labor;
colocándose en cuclillas, para poder acercarse a su pequeño
le acarició con mucha ternura la cabeza revolviéndole todo el cabello.

Sonrió enternecida y se abandonó por completo
a la interesante labor de su chiquillo,
quien había finalmente cambiado la formación que siempre hacía,
porque ya había un caracol que podía ser el que mandara.
Ahora, debían todos estar alrededor de su amado rey... ¡sí!
Lleno de felicidad, se carcajeó porque había un rey para todos,
mas, había un enorme problema:
ya no podía formar su carreterita con curvas, no.
Porque el caracol rey, no podía estar igual que todos otros caracolitos.


Y de repente, su sonrisa desapareció al ver los caracoles;
su mirada se fijó calculadoramente viendo al caracol grandote
que no se veía bien ahí,
porque sobresalía de entre todos los demás.


Finalmente nuestro pequeño infante
decidió que definitivamente, debía cambiar su cotidiana diversión:
ahora tenía que inventar otro juego con sus hermosos caracoles...
un juego que fuera para obedecer todos, al nuevo y flamante Rey Caracol.


Y de esta manera,
nuestro pequeño y adorado niño...
nuevamente sonrió y sonrió,
como era habitual en él, a la hora de sus juegos
¡porque ya había una nueva razón de estar en el piso
jugando con los caracoles y su gran y poderoso rey!...





Publicar un comentario