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martes, 26 de abril de 2011

EL VENDEDOR DE JERGAS...








EL VENDEDOR DE JERGAS
(Galería de fotos de Carlos López "Antakistas")




Le preguntaba a una niña que qué pensaba al ver
a un vendedor de jergas con su pregonar cotidiano.


En primer lugar me preguntó:
"¿una persona que vive y pasa sus días
tratando de vender algún tipo de producto
que podemos comprar en el super,
aún existe en nuestros días?"...


Su cuestionamiento me sorprendió:
Para muchos de los jóvenes y adolescentes en la actualidad,
las cosas se compran en los almacenes o "supers"
(como se les dice comúnmente);
mas, lo que para ella era algo absurdo o ilógico,
para mí cobraba mucha importancia.


Un vendedor de jergas...
¿A qué se dedica un vendedor de jergas?
Porque no todo el mundo sabe qué es o para qué sirve una jerga.
La jerga, en México, es un trozo -pedazo- de tela
que se utiliza para limpiar;
sí... para limpiar, sea una jerga para la mesa
(trapo como también le decimos)
o una propiamente para limpiar el piso de las casas o lugares.


Mi pensamiento fué más allá:
luego entonces, si yo hablo de un lugar llamado JARCIERÍA,
esta niña casi jovencita, no sabrá a qué me refiero ¿verdad?...
Jajaja... ¡lo sabía! No supo responderme bien porque la mayoría
de los niños y jóvenes en los tiempos actuales,
tampoco saben ya de los lugares de antaño
donde solían venderse
todo este tipo de productos
para la limpieza de las casas y lugares de trabajo.


Una jarciería, es precisamente éso: un lugar donde podemos encontrar
desde jergas, escobas, trapeadores, escurridores, "piedra pómez"
(una piedra de origen volcánico sumamente porosa
que usamos también para lavar
o limpiar algunas cosas), fibras verdes y de metal
(con lo que lavamos los trastes,
es decir, los enseres que utilizamos
a la hora de ingerir los alimentos),
mecates -donde colocamos la ropa para que se seque-,
pinzas; comales de metal y de barro, anafres, sopladores,
tenates, canastas, sombreros, recogedores
y demás accesorios no nada más para cocinar
y "echar tortillas" (hacer tortillas),
sino para utilizarlos en la vida diaria en los hogares.


Porque también encontramos palas de madera y de metal;
cucharones, juguetes igualmente de madera,
caballitos de palo...
¡en fin! Un sin número de cosas,
que tristemente casi nadie ya conoce o suele querer comprar.


La imagen de este buen hombre
ha sido lo que me ha motivado a escribir
todas estas líneas de un México que poco a poco,
ha dejado de verse
entre nuestros asuntos y actividades de todos los días,
lo cual... también me lleva a pensar que gran parte de nuestros
usos y costumbres vayan dejando de existir y formar parte
de la vida nuestra.


¿Saben? La niña que también inspiró
gran parte de mis letras en esta ocasión,
representa en mucho, a la imagen del adolescente actual:
totalmente desvinculado de nuestras raíces y de nuestra esencia mexicana.


Ya no hay mucha visita (ni mucho menos compras)
de la gente a las jarcierías y, penosamente,
ya casi no se pueden apreciar, vendedores de jergas
como este alegre y afable hombre de la imagen... no.


Así que cada vez que por su casa, pase algún pregonero diciendo:
"¡jergas... compre jergas de colores, bonitas y baratas...!!!!",
acuérdense de que estas personas, forman parte de todavía
las pequeñas cosas que forman parte
de nuestra cultura popular mexicana;
de las raíces mismas de nuestra sincrética personalidad...
resultado de esa fusión europea e indígena,
naciendo nuestra mestiza raza mexicana,
la que pugna día a día,
por guardar espacios en nuestra globalizada vida
tratando de que las manos artesanas,
puedan vender aún, sus maravillosos productos.







2 comentarios:

Carlos López dijo...

Es muy cierto Delia.

Cuando vi al hombre venir hacia mi, me llamaron la atención los colores, las cosas de las que se rodeó. No se opuso a que le tomara la foto, me pidió que se la enviara por correo. Así lo hice, pero nunca me contestó.

Representa, como dices, algo que se va perdiendo y es, un poco, como esos olvidos que a todos nos pasan: a veces recordamos que hay algo que hemos olvidado, recordamos que hubo algo que supimos, algo que estaba en algún lugar; pero lo peor es que hay cosas que olvidamos y nos pasa desapercibido el olvido. Son cosas que dejamos que se desaparezcan y se desdibujen completamente de nuestra vida. Este vendedor de jergas es así, ya no se ven al menos en las zonas urbanas, quizá en algunos pueblos aún persistan y desaparezcan sin que alguien lo note.
Este hombre lo fotografié en Atlatlaucan (así se escribirá?) en Morelos.

Saludos.

Delia Hernández dijo...

¡Hola, Carlos!
No sabes cómo te agradezco el que hayas destinado un buen tiempo para leer las pequeñas historias que, de admirar tus grandiosas fotografías o retratos tan llenos de vida y de realidad (como éste, el del vendedor de jergas) surgen.
Me preocupa mucho (y creo que afortunadamente no soy la única, porque entonces, no te habría interesado ya, en su conjunto, fotografiar a este hombre de nuestro México) el que de a poco, todo el cúmulo de tradiciones y riqueza cultural en usos y costumbres, se vaya perdiendo; por esa razón, me encantó este hermoso retrato de un hombre que vende productos de jarciería (porque como tal, ya los muchachos y niños actuales, ni siquiera saben qué es o qué significa tal palabra) en la calle o de puerta en puerta.
Muchas gracias por comentarme a mí y a todos acerca de este hombre y de su lugar de origen (desconozco si es así su escritura, Carlos, pero pensemos que está bien, ja...), así que, una vez más, MUCHÍSIMAS GRACIAS POR BRINDARNOS TU PARTICULAR PERCEPCIÓN DE LAS BELLAS FOTOGRAFÍAS QUE HAS CAPTADO Y QUE ME HAS PERMITIDO COMPARTIR DESDE ESTE BLOG, CON TODOS.
¡Un abrazo cordial!