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jueves, 14 de abril de 2011

EN EL POTRERO DEL LLANO, DESCANSANDO...


DESCANSANDO
(Fotografía: Pedro Arellano Bustos)



Me estoy tomando un tiempo para mí.
Quiero pensar en que no todo lo realizado ha sido erróneo;
porque ahora es momento para reflexionar
en todo lo vivido y lo acontecido tanto para mí como para otros.

En este lugar que me significa ¡tantas cosas!
Suelo hacer el consabido recuento de mi vida;
miro el cielo... éste cielo infinito que nos cubre
con su esperanzador azul de promisoria vida futura.

Respiro hondamente...
y así, como solía verse en las películas de antaño,
busco en uno de los matorrales, una hierba larga
y que pueda masticar únicamente, como para tener
a mi mandíbula entretenida.


(Y tengo tan presentes aquéllas imágenes
en que los vaqueros del viejo oeste,
se recostaban en la pradera extensa...
claro, cuando no tenían que pelear con los apaches o algo así).


Sin embargo, nuevamente vienen a mí,
todo el cúmulo de recuerdos añosos;
de vivencias pasadas... de experiencias simbólicas
para el resto de mi existencia aquí o donde me depare el destino.


Veo a lo lejos, a unos enormes y hermosos caballos.


Esos briosos animales, siempre han sido para mí,
la icónica imagen de la libertad en movimiento.


Sí.


Quisiera ser parte de este grupo de corceles indómitos;
nobles por naturaleza, pero llenos de coraje...
de vida y de alegría por vivir, porque cuando menos para mí,
siempre eso ha representado el observar y admirar
la gallardía de un imponente caballo.


Y sigo con mis cavilaciones.


Y sigo con mis reproches al interior.


Mas... nuevamente respiro profundamente;
miro hacia el cielo tan hermoso como lleno de nubosidades
porque estamos también en tiempo de lluvias
y no hay nada como la lluvia para limpiar el fango en los terrenos.


Sí.
Me quedaré otro buen rato aquí,
como este grupo de hermosos caballos briosos y dóciles,
pastando... y todos sin forma ni orden preestablecido,
en el potrero del llano, descansando...
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