Buscar este blog

domingo, 17 de abril de 2011

La inminencia de su llegada...




Fotografía: Google Imágenes

La casona casi vacía; era un día común como otro cualesquiera.
La vida transcurría entre el correr del diario pervivir y los pocos goces y disfrutes mundanos, como lo puede ser un aromático café.
Sin embargo, de inicio, nunca el día fue como otro más;
un perturbador y desgastante sueño le oprimió
el pecho durante la madrugada solitaria.

No era cosa nueva despertar al lado de una fría almohada mas, la cotidiana oquedad del espacio parecía hacerse aún más grande y más profunda.
Hacía muchas lunas de agosto que en ese lugar
no había nada más que la compartida soledad;
pero… en esta ocasión, un rostro indefinido
le sonreía maliciosa y dulcemente…

Una sensación de terrible estremecimiento le invadió por completo; ¿y si tal vez no hubiese mañana?
¿Y si por fin, los temidos anhelos del encuentro fatídico se hicieren una cruel realidad?...
Bien cierto es:  muchos ayeres clamaron por su inevitable presencia,
mas… no estaba hablando ni por un instante en serio.

La inminencia de su llegada ya se había anunciado.
Después de ese día y de esa noche, nunca más dormiría en solitario.

Nunca más despertaría anhelando la esperada tibieza al lado.
Y comprendió que quizá, sería mucho mejor ahora,
en que dormiría la más profunda de la entregas
finalmente abrazado y anhelado…
deseado… y vehementemente asido, por un gélido viento
que nunca jamás se desprendería de su ser.

Y sonrió… cerró los ojos y se dejó llevar por siempre.



Publicar un comentario