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sábado, 7 de mayo de 2011

EL HACEDOR DE SUEÑOS...


OFICIOS 42
(Fotografía: "El Pelos" Briseño)

Como todos los días, Mauro se levantó muy de mañana.

Después del acostumbrado (y necesario) desayuno,
solía lavarse perfectamente las manos.

Posterior a los minutos de la higiene personal,
Mauro se trasladaba hacia su pequeño taller de trabajo;
la ventaja de poder laborar en casa, era precisamente ésa:
no llegar nunca tarde al lugar donde diariamente desempeñaba su actividad.

Pues bien; ya ubicado en ese espacio tan suyo,
Mauro -meticulosa y metódicamente- comenzaba su cotidiana rutina:
llegar, revisar de una ojeada que todo estuviese en su sitio
y finalmente, colocándose un enorme mandil de trabajo,
dirigirse hacia la mesa grande y fuerte donde le esperaban
tanto sus herramientas de trabajo, como el objeto de sus afanes.

Al iniciar ése día, Mauro se sentía especialmente emocionado:
estaba a punto de terminar un hermoso rostro, mismo que pertenecía
a la última marioneta que debía entregar el lunes por la mañana.

"Don Chemo"...
Así le llamaba cariñosamente Mauro, a esa bella marioneta
que parecía de ya, tener vida propia.
¡Y vaya que si había logrado Mauro, brindarle varoniles rasgos al muñeco!

"Don Chemo" era típicamente un macho mexicano...
Sí; de aquellos machos de los películas de antaño,
con masculino bigote y toda la cosa, claro.

Mauro terminaba de delinear los negros ojos
que seguramente, seducirían a más de una morena
en las puestas de escena que lograran montar
en la compañía de títeres del pueblo.

Y a pesar de la gran emoción en el trazo de sus líneas,
Mauro -con pulso firme y seguro-
continuaba acentuando la humanidad en aquél
pequeño personaje, confiriéndole personalidad propia.

Mauro, sin saberlo, era un maravilloso artesano
pero a la vez, también era un inigualable hacedor de sueños.

De esos sueños irrepetibles con que se dá forma a las nubes en el cielo
o con que se despiertan los niños habiendo conocido lugares fantásticos.

Mauro estaba por terminar de crear su última obra maestra.

"Don Chemo" estaba casi listo para la función.
Y el felíz hacedor de sueños,
suspiraba complacido al tener entre sus maravillosas manos,
un pedacito más de vida en la forma de un galante charro mexicano.

La función debe continuar...
y después de "Don Chemo", ya tenía Mauro a muchos más
clientes en espera.
Sí; no cabía duda: Mauro era sencillamente un hacedor de sueños
como no había otro más.
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