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lunes, 9 de mayo de 2011

JUNTOS...


JUNTOS...
(Fotografía de Alexandre Hideki)

La densa bruma se hizo presente;
era una hermosa noche como ninguna otra en aquél veraniego espacio...

La calidez del anochecer, presenciado por nosotros
desde el crepúsculo hasta el caer de la noche misma,
era lo que más abrigaba nuestros corazones,
tan llenos de todo cuanto somos y hemos sido por siempre.

No había nada qué decir.

No había nada qué intuir...

Simplemente, lo que contaba era el estar juntos, ¡juntos!
Tal y como había sido nuestro anhelo desde siempre.

Un suave aroma a sal y mar
nos envolvía entre el ir y venir de las sutiles olas
que parecían no querer molestarnos en lo más mínimo,
como si con ello, tal vez, dejásemos de querer admirarlas.

Las siluetas, de a poco, se perdían al ir ennegreciéndose el ambiente.
No importaba.
Nada importaba en realidad, porque lo más valioso para nosotros
era precisamente, el tener nuestros cuerpos cerca el uno del otro.

Y con el suave murmullo de esas olas tan tímidas,
rítmicamente mecidas por la inmensidad de ése,
nuestro tan querido mar,
nuestras manos, asidas con toda la naturalidad que nuestro amor
nos confiere, sencillamente se fundían como para intentar
nuestra compenetración perfecta.

Sí...
Estábamos juntos y según lo deseábamos,
eso jamás iba a cambiar,
excepto claro, que alguno de nosotros,
se dejase (al tiempo) llevar por el suave murmullo de las olas
de éste, nuestro inmenso y precioso mar.





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