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miércoles, 25 de mayo de 2011

LO QUE VA QUEDANDO...



Lo que va quedando
(Fotografía: Pedro Arellano Bustos)




De entre la enramada, podía vislumbrarse claramente.

Destacaba impresionantemente por su diferente color y forma;
era un hermoso racimo de redondas y obscuras uvas
que bellamente parecían engalanar
la hojarasca anaranjada que servía como marco ideal.

De inmediato, el pequeño racimo de uvas
captó toda mi atención.

Me hubiera encantado poder admirar
la belleza de toda la vid con sus maravillosos frutos
pendiendo de aquéllas frágiles ramitas
engalanadas con brillantes hojas naranja de diversas tonalidades.

Mas no fué así.

Llegué tarde para poder disfrutar
embelesado de tan gran belleza.

Sin embargo, ante la mirada despectiva
de las demás personas que decían cruelmente:
"uff, ésta está fea; 
mira nada más:
sólo tiene lo que va quedando..."
para continuar su camino buscando racimos copiosos
de jugosas y preciosas uvas,
mi corazón sobrecogido saltó inusualmente.

Y comenzó en mi mente a rondar un pensamiento:
"¿Por qué desdeñar de origen algo aún sin conocerlo
o sin detenernos a brindarle un poco de atención
quizá, para conocerlo de a poquito?"...

"¿Por qué únicamente aceptamos admirar
algo cuando está en todo su esplendor 
y despreciamos de inmediato a lo que va quedando?"...

Estas interrogantes me entristecieron profundamente.
De igual manera procedemos con las personas
sin permitirnos la maravillosa oportunidad de intentar
(tal vez) conocer un poco de su valioso interior.

Es doloroso aceptar esta parte no tan grata 
de nuestra naturaleza tan defectible como humana.

Al apreciar la belleza de ese solitario
racimo de uvas brillantes y coloridas,
mi corazón se llenó de un mar de sentimientos encontrados;
hubiera querido gritarle a todas las personas
que ¡qué les estaba pasando por la mente!...

Ésas uvas dentro de ése pequeño y poco nutrido racimo,
eran las uvas más hermosas que había podido observar
durante esa mañana recorriendo los cientos
de metros de verdoso terreno 
cubierto de anaranjadas vides.

Mas no pude hacerlo.
Y aunque lo hubiese hecho...
seguro estoy de que no me habrían hecho
mucho caso que digamos.

Pero no importa...
Porque a los jóvenes que venían caminando 
detrás de mí, les hice la seña de que vieran ésa hermosa vid.

Y aspirando con fuerza...
levanté la voz como para que, no queriendo,
todos los que ahí se encontraban cerca,
pudieran escucharme:
"¡¿Ya vieron que hermosa vid?! 
Y ¡qué marco tan artístico y espectacular forma 
con esas hojas anaranjadas y rojizas
destacando ése racimo precioso de redondas uvas!"...

Todos de inmediato hicieron alto en su camino.
Quienes no habían advertido tan pequeña pero gran belleza,
de súbito se detuvieron para comenzar a admirar
tan frágil y sutil delicada hermosura, 
escondida en la enramada.

Yo sonreí plenamente.
Había logrado que al fin, 
le pusieran atención a esa bella vid.

Y muy complacido retomé mi camino...
no sin antes, tomar varias hermosas fotografías
como la que ahora sirve para que ustedes puedan ver
la belleza inesperada y maravillosa de lo que va quedando.





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