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domingo, 5 de junio de 2011

ABATIDO... (I)


SPENT
(Fotografía: Moayad Hassan)

Como cada noche, realizaba mi ritual nocturno;
en la pequeña zotehuela del lugar donde vivía
(que curiosamente se encontraba arriba y no
en la parte trasera como todo pequeño patio)
subía yo -invariablemente- a ver el espectáculo citadino
que me proporcionaba precisamente el lugar
donde me encontraba.

Era totalmente habitual en mí.

No obstante, una de esas noches estrelladas,
ví una escena que llamó poderosamente mi atención:
un muchacho (adolescente, asumo)
se encontraba sumido en sus pensamientos.

Lo que más causaba extrañeza e intriga en mí,
era la postura corporal con que se encontraba tal muchacho
y más aún, el lugar que había escogido
para estar solo con sus pensamientos.

Ciertamente, se le veía totalmente agotado...
como extenuado y sin fuerzas -siquiera-
para sentarse un poco erguido y con la cara
levantada, como para ver por descuido,
si alguien se le acercaba por casualidad
y vaya que si consideraba yo, que era peligroso
que estuviese así, en lugar tan obscuro
como solitario, porque de verdad que lo era.

Así estuvo un buen rato;
una sensación de triste compasión
me invadió de pies a cabeza:
¿qué podría haber sido tan terrible
como para lograr que un adolescente
en la plenitud de su vida boyante,
se encontrara así... como derrotado?

Sé que todo lo que ahora pienso
(y que daba yo por hecho era verdadero
en esos momentos de mi preocupante observación)
sencillamente correspondía a lo que percibía
por la imagen tan intrigante que se me estaba presentando.

Después de un buen rato de mirarle y mirarle...
si tan sólo cambiaba un poco de posición
-y más creo yo lo hacía porque se cansaba
de tener los brazos y piernas en la misma postura-
entré a mi cuarto porque la temperatura
comenzó a bajar un poco
y porque la humedad ya se sentía bastante.

Cuando regresé, ya no estaba.

Sinceramente, la angustia se apoderó de mí.
¿Qué sucedería?...
¿A dónde se iría?
¿Le habría sucedido algo?
¿Pasaría alguien por él?...
Tal vez era eso, que estaba esperando por alguna persona
y quizá, cansado de esperar, tenía esa postura
que tanto llamó mi atención.

No supe qué pasó.

Esperé por un buen rato, por si volvía,
pero no fué así.
Simplemente, se fué...
sin que supiera finalmente,
el por qué de su soledad y su agotada presencia
en esa noche tan estrellada como solitaria.

Y sigo buscándolo con mi mirada...
tal vez, en otra noche como ésta,
regrese el jovencito aquél
a ese lugar donde la lámpara única de la calle
pueda nuevamente iluminarle de a poco,
haciendo las veces de silente compañera
y así... quizá por una sola vez más,
pueda yo advertir que probablemente,
en una nueva circunstancia similar
ya no transmite ni proyecta tanto agotamiento
en su abatido y cansado ser...




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