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miércoles, 1 de junio de 2011

Día de rutina...


ERMES AT WORK
Fotografía: Massimiliano Castellazzi

Era un día más de trabajo.
De rutinario trabajo, más bien.

Por la mañana, durante la asignación de tareas
nos había sido dada una misión: 
estar en el momento oportuno para así,
captar la noticia.

Así. Sin más ni más.

Mi compañero de jornada era un excelente fotógrafo;
me gustaba mucho la mancuerna que hacíamos 
porque él captaba imágenes maravillosas y totalmente inesperadas.
Por mi parte, hábil con la pluma, no escatimaba
ningún esfuerzo o posibilidad alguna
para relatar de forma amena y bien fundamentada
todo cuanto queríamos dar a conocer.

Y precisamente, nuestro jefe de redacción
siempre nos mandaba a las notas especiales
o incluso, difíciles o inaccesibles para los demás.
Le agradaba mucho el equipo de trabajo que éramos nosotros.

Sin embargo, esa mañana durante el evento
al que tuvimos que acudir de forma vertiginosa,
las cosas no nos salieron tan bien que digamos.

Teníamos que cubrir una nota muy importante
pero a la vez, sumamente peligrosa, 
ya que se habían dado enfrentamientos
en algunos de los barrios de la zona límite de la ciudad.

Esos enfrentamientos eran entre pandillas rivales
las cuales no tenían miramiento alguno
en -quizá- herir a los paseantes o transeúntes
que sin saber, tenían forzosamente que pasar por ahí.

El caso es que mi compañero, Ermes,
tuvo que tomar una decisión para poder hacer una toma
con su infalible cámara:
tenía que ponerse exactamente en el sentido 
de la lluvia de tiros (literalmente, en verdad)
para poder captar con su lente
el rostro de la persona en cuestión.

Mi angustia fué enorme...
¡peligraba la vida de mi querido compañero y amigo!

Mas él, con toda la sangre fría 
que los años de trabajo juntos
formaban parte de sí mismo
cubriendo todo tipo de reportajes y notas
de esa naturaleza, ni se inmutó.

De hecho, no ví que le temblara el pulso, siquiera.

Han pasado ya varias semanas de aquél día
y hoy Ermes y yo, estamos citados en una ceremonia
que organiza el ayuntamiento de la ciudad
para reconocer la valentía de mi gran compañero fotógrafo
porque gracias a su imagen tomada,
el rostro de uno de los más buscados delincuentes
había sido captado y por esa razón,
pudo ser arrestado.

Ermes sonriente, cuando pasó a recoger su presea
únicamente dijo:
"no hay mayor mérito, en verdad...
solamente fué un día de rutina más...".

Y felíz corrí a abrazarlo junto con los demás
reporteros y fotógrafos de la redacción 
del periódico donde trabajábamos
ante las miradas satisfechas de nuestro editor
y también de nuestro jefe de redacción.
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