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miércoles, 22 de junio de 2011

En el café...


COFFEE SHOP
(Galería fotográfica de 3ammo)


Tarde a tarde, invariablemente,
las dos chicas se encontraban ahí.

La misma mesa,
las mismas sillas
e incluso también,
la misma orden al joven que atendía:

"Dos capuccinos, por favor;
uno con leche deslactosada
y el otro con leche light, ¿si?"...
tarde a tarde, era usual escucharlas pedir.

La rubia, siempre pendiente de su teléfono móvil
y la morena, atenta a cuanto escribía en su computadora portátil.

Sin embargo, esa cualidad de los jóvenes de hoy,
multifuncional con capacidad para efectuar multitareas,
no era ajena a ninguna de las dos,
ya que efectivamente, sin dejar de realizar su labor,
platicaban y disfrutaban de sus cafés,
mientras reían a carcajadas con sus ocurrencias
y sonreían amablemente a quienes nos encontrábamos
en ese maravilloso lugar.

Para los muchachos que atendían la cafetería
y para los parroquianos (como solían llamarles antes)
que también éramos clientes frecuentes,
su presencia era ya, algo así, como imprescindible.

Nunca llegaba nadie más;
ni una amiga más, ni una madre
o incluso, ni siquiera hacía acto de presencia
algún joven galante que quisiera acompañarlas.

Es curioso, porque eran jóvenes y muy bellas,
mas... quizá por estar siempre al pendiente de ellas mismas,
no posibilitaban el que algún admirador de su edad,
quisiera acercarse para tratar de ser invitado a la mesa.

Mas a las chicas, todo eso parecía no importar.

Eran joviales y alegres.
Imagino que, aún cursando la universidad, por sus edades...

Y durante mucho mucho tiempo,
la escena se repitió y se repitió sin que fallaran
a su habitual cita de lunes a viernes:
primero la chica rubia, a las 5 en punto
y 10 minutos después, la muchacha morena
con su laptop bajo el brazo.

No obstante, en una tarde lluviosa...
solamente llegó la muchacha rubia, puntual como siempre.
Pero su inseparable amiga y compañera,
jamás arribó al acostumbrado lugar.

Al otro día, la chica rubia volvió
con su ritual y puntualidad de todos los días;
pero su amiga del alma...
nuevamente faltó a la cita como el día anterior.

Y esto se repitió uno y otro y otro y otro días más.

Hasta que pasaron varios meses
en que la chica rubia,
con mirada triste y solitaria...
ya no llegó más.

Todos los chicos y la gente que del diario
nos encontrábamos en el lugar,
llegamos realmente a extrañar
esa jovial presencia primero de las dos
y por último, de quien quedó en solitario.

Nunca más las volvimos a ver.

Pero recuerdo con exactitud
que un buen día de Dios...
pasando por una Iglesia, en sábado de gloria
había una gran boda celebrándose con todo esplendor.

No sé por qué, pero algo hizo que volteara hacia el atrio del templo.
¡Mi sorpresa y mi alegría fueron enormes
al ver a la chica morena convertida en toda una mamá
y esperando otro bebé del lado de un hombre joven y afable
riendo y gritando alegremente al paso de una pareja
de enamorados recién casados!

Y más aún fué mayor mi gusto y satisfacción,
cuando pude comprobar que la hermosa novia
no era otra sino la chica rubia de ésas tardes de café
en que compartía su tiempo y sus risas con su entrañable amiga...

Sonreí con amplitud.

De hecho, creo que ha sido la más grande y hermosa sonrisa
que he esbozado en mi adusto rostro de todos los días.

La vida es hermosa...
y la espiral de esta vida,
continuará con las nuevas historias
que estas dos viejas amigas del café,
vayan entretejiendo entre chambritas y biberones.

¡Divina juventud... y maravillosa vida la nuestra!

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