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viernes, 10 de junio de 2011

HACIA LA LUZ...


VERSO LA LUCE
(Fotografía de Massimiliano Castellazzi)

El camino se hacía cada vez más pesado.
Desde que descendimos del autobús
y comenzamos a caminar y caminar,
teníamos todos una esperanzadora meta:
llegar lo antes posible y sobre todo,
mucho antes de que anocheciera.

Aunque ya todos estábamos notablemente agotados,
la sola idea de nuestra llegada, era lo que nos impulsaba
a continuar con nuestra caminata...
la que, sinceramente, ya era en demasía, difícil.

Las mujeres que iban cerca de mí,
a pesar de mostrar las evidentes marcas de la inflamación
en sus pies, en sus zapatos que parecían a punto de
desbordarse por doquier...
se llenaban de jubilosa fuerza para continuar
con su pesado y doloroso andar.

Me apenaba no poder ayudarlas;
de hecho, me hubiese encantado poder tener
dos o tres espaldas y 10 pares de manos
para así, ayudar a las mujeres al lado mío,
con la carga de sus equipajes y maletas.

Ya con lo mío y con lo de la ancianita que
otros dos jóvenes, venían turnándose en tratar
de hacer avanzar casi casi llevándola en vilo,
era en verdad, un esfuerzo sobrehumano.

Mas...
A cada sufrido paso,
a cada dolorosa huella,
correspondía un tramo menos por recorrer.

Al visualizar, finalmente, la luz al fondo
de ése obscuro y húmedo túnel,
las risas de alegría y de algarabía de todos,
no tardaron en hacerse escuchar.

Queríamos correr...
pero no era posible.

Lo único que nos consolaba era que
el camino se hacía más y más corto...
o lo que es lo mismo, menos y menos largo.

Nuestra esperanza se resumía en las siguientes palabras:
caminábamos hacia la luz...
ésa luz que metafóricamente,
también significaba, el inicio de una nueva esperanza de vida.
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