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lunes, 13 de junio de 2011

Los vidrios rotos...



Vogelsang
(Fotografía de Marteen van Eijk)


¿No te ha sucedido alguna vez...?

Es tan sencillo caminar sin realmente observar
todo cuanto hay a nuestro derredor,
en cada día que continuamos nuestro cotidiano
tránsito por ésta vida nuestra.

Calles y gente...
gente y calles y más gente aún.

Casas grandes y pequeñas;
nuevas y viejas llenas de historias de vida
que alguna vez poblaron
esas añosas paredes hoy carentes de vestigios de humanidad.

Continúo mi caminata y de repente,
me topo con una casa abandonada -me parece-.

Me llama la atención el que su puerta,
una puerta que años atrás, me imagino,
habría sido hermosa y fuerte,
ahora se encuentra toda deteriorada.

Sus cristales, hoy día rotos casi en su totalidad,
me recordaron el que quizá, 
un buen día de Dios,
esa casa era hermosa y llena de vida.

Probablemente...
muy probablemente,
hubo niños y risas y mucha algarabía por doquier.

¡Sí!...
Con seguridad podría afirmar que esto fué cierto;
también, podría aseverar (tal vez)
que esa casa fué bella y llena de amor,
de un amor puro y eterno...
como supuestamente, lo sería ésa casa antaño hermosa.

Los vidrios rotos,
-tal vez, pienso-
...esos vidrios (quizá) representen el pasado
que quedó atrás, para dar pie a un presente
sin ninguna esperanza para ese lugar.

Pero ciertamente,
un día no muy lejano...
desearía saber que otra familia 
quizá llegue a habitarla 
y a llenarla de amor y de alegre vida.

Y seguramente, varios chiquillos
reirán y jugarán interminablemente...
y donde ahora hay rotos vidrios,
con certeza puedo pensar,
que encontraré una hermosa puerta
con implecables cristales
que reflejen el alma y la vida
de esa casa una vez más.
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