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domingo, 31 de julio de 2011

sábado, 30 de julio de 2011

UN DÍA LLUVIOSO...


RAINY DAY...
(Fotografía: Alex "El Pelos" Briseño)

Un día lluvioso, como muchos
-últimamente- nos han tocado,
fué lo que ayer, viví y disfruté como nunca.

La calle estaba desierta (digámoslo así)
porque los últimos aguaceros
no nos permitían, incluso,
salir de nuestras casas.

Mis amigos y yo, aprovéchabamos
precisamente esos días para mojarnos y ensoparnos
(así, como tal, en verdad)
y "echarnos una cascarita".

Las niñas que vivían en el barrio
también se mojaban mucho echándonos porras
según fuera el equipo (y los amigos, la verdad)
que estuvieran jugando.

Cuando el último partidito terminó
no sé ni cómo, pero comenzaron todos a pelearse.

La bronca (dicen) empezó
cuando "el Pato" le dió un pelotazo
al "Fofo" en todititita la cara.
El "Fofo" no se aguantó y se le fué encima a los puñetazos.

Las niñas comenzaron a gritas como locas.

Unas querían separarlos
pero todas las demás, lo que querían es que hubiera
más golpes y bronca, ya que provocaban a todos los demás
para seguir con el pleitazo.

La señora de la tiendita se dió cuenta
y que le habla a una patrulla.

Todos salimos corriendo... ¡como pudimos!

Y lo último que alcancé a ver fue a Marita,
la niña que quería tranquilizarlos a todos
pidiendo que no nos peleáramos más.

La ví irse rápido pero descalza...
¡ni me dí cuenta cuándo perdió sus chanclas!

Pero iba llorado...
En realidad, ella es una niña muy dulce y tranquila
y me imagino que lloraba porque era la hermana del "Pato"
y más que la verdad, el "Fofo" le rompió la naríz y la boca
a golpes y ya en el suelo, le dió muchas patadas.

El día siguió igual.
Llueve que llueve...

Cuando por fin la patrulla se fué,
todos nos reunimos en la casa del Alan,
porque su papá se enteró de todo y nos habló para regañarnos.

Cabizbajos,
todos aceptamos los regaños del señor
y de las mamás que fueron llegando por nosotros
(a sabiendas de la tunda que nos esperaba en casa)...

¡Fué un día padre, jajaj!
Después nos acordábamos y na'más nos daba risa.

Pero si sentí feo con Marita.

Y no por otra cosa,
pero ahora solamente espero la oportunidad
para decirle que nos perdone y que no se enoje con nosotros
para que otra vez nos pongamos a jugar en otro día lluvioso como ayer.


 
 

viernes, 29 de julio de 2011

THE REED FLUTE CAVE (CHINA): Galería de fotos de Bernt Rostad...







THE REED FLUTE CAVE
NATURE ART'S PALACE
CHINA

GALERÍA FOTOGRÁFICA DE
BERNT ROSTAD

LASTIMERA DESESPERANZA...


Have one on me... not
(Fotografía de Dennis Jarvis)

La calle se veía triste y sucia por doquier.
Era bastante lastimero el ambiente que privaba 
a lo largo y ancho de la misma.

Yo iba caminando despreocupado en realidad,
mas totalmente alerta a lo que pudiera presentarse.

Sin embargo, nunca me hubiera imaginado lo que ahí,
delante de mí, se encontraba postrado en el polvoroso suelo.

Era un hombre joven, por lo que se podía advertir;
totalmente abrazado a sí mismo...
como tratando de cubrirse o protegerse de las inclementes
circunstancias del tiempo o del clima que le rodeaban.

Me entristecía profundamente verlo así...
tan sucio... 
tan deteriorado...
descalzo y sin mayor posesión que su propia vida.

Por supuesto que no sabía nada de él 
ni de la situación que en esos momentos 
estuviera viviendo y que lamentablemente, 
le habían orillado a estar sufriendo de tan cruenta manera.

La gente que pasaba, le miraba de reojo;
una botella vieja y sucia,
de alguna última cerveza tomada, 
era el marco con el que se firmaba tal imagen.

¿Cómo saber quién era el hombre aquél?
¿Cómo poder conocer sus tristes razones de vida?
¿De qué manera, tal vez, intentar ayudarle?...

Nadie intentaba absolutamente nada por acercársele.

Incluso yo mismo... 
hablando para mis adentros, 
intentaba encontrar una simple excusa
para poder justificar el no poder ayudarle.

Seguí de largo;
me dije "esto es en todas partes,
en todos los países y en todas las ciudades..."
y haciendo un movimiento de "me da igual",
levanté mis hombros y continué mi camino.

Pensé que ahí quedaría todo.

Algo más que sucede en un cotidiano día de vida monótona y rutinaria.

¡Cuán equivocado estaba!
Porque a partir de ese día,
en mis noches de insomnio...
la imagen del hombre aquél, tirado como una basura en el suelo
se me presenta una y otra y otra vez.

Me reprocho el no haberle ayudado.
Me echo en cara el no haber sido buen ciudadano
y tratar, cuando menos, de reportar con alguien
(no sé... servicios médicos o autoridades, ¡qué sé yo!)
el que ese hombre yacía ahí, inerte.

Dios me perdone.
Dios nos perdone por tanto egoísmo.

Ojalá en lo sucesivo...
se me presente la oportunidad de resarcir
todo esto que no me deja tranquilo y que me atormenta
la conciencia con esa triste y cruel presencia
del hombre aquél, a quien no debimos dejar ahí,
como si fuese una partícula más de polvo en el viento...

Dios nos perdone...
ojalá quiera Dios perdonarnos.

miércoles, 27 de julio de 2011

MIGUEL Y SUS MIÉRCOLES DE MERCADO...





Fotografía: OZUKARU RODRÍGUEZ






Miguel, muy de mañana llegó a su puesto.
Desde niño, su rutina de vida se resumía a dos puntos:
ir a la escuela y de ahí, llegar corriendo al local
que tenía su familia en el mercado.

Era un joven alegre y jovial;
"la vida era una rueda de la fortuna"
(según él mismo decía)
"donde a veces se está arriba...
pero la gran mayoría, se está hasta abajo".

Con su fuerza propia de los 19 años vividos,
Miguel era el soporte de sus padres;
con el puesto de verdura, legumbres y fruta que tenían,
de repente lo dejaban solo y al frente de todo
porque también cada miércoles
se iban de tianguis al interior del país,
ya que vendían ropa de lugar en lugar. 

Así que Miguel, miércoles a miércoles
era el dueño y señor de todo su local en el mercado.

Pero no todo era "miel sobre hojuelas": 
de repente, también a Miguel se le presentaban
situaciones que no sabía bien cómo controlar,
como por ejemplo cuando doña Sabina,
la vecina del puesto de hierbas medicinales, 
se quejó con él de que, por estar colocando el costal
con los elotes que había desgranado,
le había echado toda la basura sobre su puesto de hierbas.

De hecho, también los miércoles, 
representaban muchas otras cosas en su vida:
casi nunca iba a la escuela; 
cuando se levantaba
-casi siempre a las 3 de la madrugada-
era para alcanzar a los repartidores y proveedores en el mercado.

Ya sabía bien qué hacer y con quiénes "mercar";
el problema era, realmente, tener que dejar de ir a la escuela
un día a la semana por siempre.

Pero bueno... 
Miguel, quien también tenía 
la responsabilidad de sus cinco hermanos menores,
no quería que a ellos les sucediera lo mismo
y por esa razón, había decidido que haría cualquier cosa
con tal de que ellos no tuvieran que faltar un día cada semana
como él lo tenía que hacer.

Porque ¡vaya si le costaba trabajo reponerse
en los apuntes y tareas!
Amén de que se le acumulaban las faltas a clase
y a veces, hasta reprobaba por tener muchas inasistencias
en determinadas materias.

Así que se fajaba bonito con los demás trabajadores
para así, no tener que recurrir a  la necesidad
de que Pancho, Gabriel, Pedro, Tomás y Vicente
se tuvieran que quedar descargando los camiones.

Por todo lo demás, Miguel siempre y de buen agrado,
había aceptado su porvenir, por demás ligado
a las afanosas labores del mercado.

Ése era y es Miguel...
Miguelito, como todas las señoras de la plaza
-que le conocían desde niño-
le llamaban cariñosamente.

Y ahí termina por ahora, 
nuestra breve narración.

El buen muchacho sigue y seguirá su vida
así... ayudando en el puesto a sus padres, 
como desde niño lo ha estado haciendo.

Y no te extrañe que, 
si algún día pasas por ahí...
no importando que sea miércoles o jueves o lunes,
veas a un chamaco cantando y bromeando,
un joven alegre y risueño que seguramente 
te saldrá al paso diciendo:
"¡Qué va a llevar... güerita, tenemos las verduras más frescas
de todo el mercado! ¡Pásele, pásele y cómprele, doñita...!"
y sabrás que ese muchacho, es nuestro Miguel... 
el de esta cotidiana historia.







martes, 26 de julio de 2011

EL MURO...






EL MURO
(Fotografía de Roberto Obregón)




Todas las tardes ahí era el punto de reunión:
los demás niños y yo, siempre estábamos ahí
listos para que todo fuera como esperábamos...
porque para todos nosotros ese muro era vital, en verdad.

Cuando uno es niño, hasta las cosas más insignificantes
o pequeñitas, ¡son maravillosas!... 
Ya que nos brindan
todo un impresionante universo 
por conocer y compartir.

Y sí que lo era:
ese muro era lo que dividía los dos territorios;
el tronco del árbol aquél, 
era también una especie de trofeo preciado,
porque servía como punto de vigilancia 
para quienes integrábamos las patrullas encargadas
de cuidar que nada ni nadie,
cruzara ese límite bien definido que era ese muro.

¿Cuántos niños éramos?...
No me acuerdo bien, pero sinceramente...
¡qué divertidas nos dábamos!
Como en aquéllos tiempos en la escuela
nos pasaron una película donde los niños tenían sus pandillas
y cuarteles de guerra, ¡pues nosotros hicimos lo mismo!

Teníamos dos grupos
donde evidentemente, unos eran los buenos
y los demás, los malos:
Los "grandes" y los "enanos" 
(por evidentes razones
que se han de imaginar: 
unos por altos y los otros,
por precisamente lo contrario, ja...)...

Y pues, en cuanto terminamos de ver la película
¡ya sabíamos que el muro de los terrenos de Don Mario
sería nuestra frontera mágica hacia ese mundo
donde libraríamos las batallas más impresionantes!

(Y el mismo don Mario veía siempre complacido
cómo corríamos entre los matorrales
y esquivando a sus vacas y caballos, claro,
para que ellos nos nos patearan o corretearan)...

Cuánta felicidad en las risas de unos cuantos chamacos.
Todo se reducía a gritar y correr
por doquier, siempre y cuando,
no llegaran a invadir nuestra parte del muro.

Pero los años pasaron.
Y dejamos de ser niños...
y las contiendas en el muro aquél terminaron.

Los dos grupos que antaño eran enemigos,
se dispersaron con el polvo de los tiempos.

De todos ellos, supe que algunos murieron ya.

Siendo gente de campo, la mayoría prefirió emigrar
para tratar de encontrar en "el otro lado"
la solución a sus problemas de vida y esperanza...
mas únicamente encontraron, 
una cruenta muerte en el más profundo olvido.

Algunos otros, como yo,
creo que crecimos con el recuerdo del muro de piedra;
ese muro que tanto significaba para nosotros, 
ya fuese como punto de reunión y encuentro 
o como la frontera deseada para cruzar o ser cruzada.

Por eso cada vez que voy a casa,
lo primero que hago es buscar esos terrenos que aún existen,
aunque Don Mario ya no esté ahí para sonreír complacido
al ver nuestras travesuras con palos a manera de flamantes espadas
y con pequeñas piedras únicamente para ahuyentar al enemigo...

Ese muro de piedra sigue ahí...
como esperando que, tal vez un buen día de Dios,
otros niños alegres e inocentes
quieran hacer de él, una anhelada trinchera
donde nuevamente se libren las batallas más alegres
y felices que pueda haber, 
tal y como otros niños de tiempos atrás,
lo hicieran para dejar sus risas y sus cantos 
en el eco de sus verdes y floridos campos.



domingo, 24 de julio de 2011

"EL SUEÑO DEL CARACOL": INTERESANTE REFLEXIÓN ACERCA DE LA VIDA NUESTRA Y SUS IMPENSABLES CAMINOS Y OPORTUNIDADES...


 

EL SUEÑO DEL CARACOL
(SCHNECKENTRAUM)
Iván Sáinz-Pardo, 2001
(Video obtenido vía YouTube)




En días pasados, encontré en la página de facebook de mi muy querido amigo Saúl Landell, un cortometraje que independientemente de que removiese la gran parte emotiva que poseo, conlleva todo un simbólico significado para el cómo cualquier persona pudiese asumir -para sí mismo y para el derrotero que tome su vida- las oportunidades que la vida misma nos brinda: "EL SUEÑO DEL CARACOL".


Este trabajo es un cortometraje perfectamente realizado tanto en aspectos de la gran fotografía (en dramático blanco y  negro para enfatizar precisamente el manejo de la secuencia fílmica y las emociones) y de un guión bien sustentado, apoyado en la banda sonora que brinda el marco perfecto para el hilo conductor de la trama donde honestamente, me llamó mucho la atención el uso de las canciones en español lo cual habla por supuesto de la esencia hispana de su creador, ya que es obra del español Iván Sáinz-Pardo y créanme, bien vale la pena verlo una y otra vez.
Así que se los recomiendo total y ampliamente.

Ciertamente, es una hermosa pero triste historia; sin embargo, la reflexión que nos ofrece al través de una narración visual bien contada y construida es acerca de lo podría llegar a suceder en nuestra vida si una pequeña acción se efectuase... o lo que sucede al inevitable paso del tiempo si las acciones se van dando por la inercia misma del diario pervivir.

También por ende, nos habla de lo efímero de la existencia, que a manera de hacer visual la metáfora que brinda, habla del que las personas nos encerramos bajo nuestro caparazón, pensando que si salimos de él (o dejamos escapar sentires, emociones y demás cuestiones subjetivas) nos volveremos del todo vulnerables ante cualquiera, perdiendo quizá, el control de nuestra vida misma.
Cosa que... sinceramente hacemos muy comúnmente, pensando en que quizá el deber ser de debe anteponer ante el genuino y auténtico ser.

¿Que si me gustó?...
Por supuesto que me gustó y también lloré copiosamente por lo visto y vivido (y no vivido) al través de esa maravillosa historia de amor no realizado.

Pero realmente, considero que queda la enseñanza de que no únicamente las oportunidades de la vida se nos dan de manera explícita, sino que, de la forma más increíble o impensable, también se pueden evidenciar o manifestar -aunque a decir verdad, nunca lleguemos a pensar que pudiese ser así-... ahhh, y una cosa más: que los maravillosos libros no únicamente sirven para narrar increíbles historias, sino que también pueden ser el puente para construir una hermosa historia de vida y amor por siempre.