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martes, 5 de julio de 2011

GENTE...




GENTE
(Fotografía: José Miguel Soler Aguas)


Un día como tantos; es decir, un día como cualquiera.
Tengo la necesidad de caminar para ir a mi destino...
de hecho, tiene mucho tiempo que, como autómata,
hago lo que tengo que hacer:
salir de la oficina para acudir a la cita que tenga programada;
llegar, atender a la persona... 
no perder de vista el reloj porque seguramente, en treinta minutos más,
en uno de los otros cafés de la cuadra,
tendré otra cita más con otra persona distinta.

Así transcurren mis mañanas;
camino mucho... así es.

Sin embargo, haciendo una precisión,
lo que hago es movilizarme,
esto es, moverme de un lado a otro según las necesidades
del momento o las circunstancias del trabajo que tenga que realizar.
Mas, no camino como tal.
No... tiene mucho tiempo que dejé de caminar entre la gente.

Hoy, no sé por qué específica razón,
estoy caminando entre la gente.

La chica de rayas...
el hombre canoso que voltea como si algo viera en el suelo;
la chica de lentes que vá con el hombre alto.
Gente...
Mucha mucha gente que, de entre la multitud,
comienzan a tomar rostro y forma peculiares
y totalmente particulares.

Jamás me fijo en ello;
en realidad, jamás me fijo en nadie a decir verdad.

Incluso, cuando llego a tropezar por mi acelerada carrera,
únicamente un gruñido a manera de "perdón",
es lo que sale de mi boca, pero...
nunca volteo a ver a quien, sin querer, atropellé a mi paso.

Ahora todo se torna diferente:
veo a la gente que camina a mi alrededor y no tan sólo eso,
veo a la gente que se convierte en persona individual y única...
¡qué curioso!
Como si no fueran antes personas y hasta el instante
en ya los estoy dimensionando de forma particular,
obtuvieran su esencia humanística y personalidad.

Pero me da gusto;
solía ser muy frío ante todo cuanto no fuera yo...
mas, la vida es sabia y con el tiempo y los años,
aprendemos a formar parte de un colectivo respetando
las auténticas individualidades de los demás.

Yo soy una persona que formo parte de la gente:
de ésa hermosa y maravillosa gente que camina día a día
a mi lado y de la que, afortunadamente a partir de esta mañana,
recibo no solamente menos oxígeno o espacio vital,
sino una sonrisa y hasta un amable "¡buenos días!"...
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