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martes, 12 de julio de 2011

LAS MIL Y UN PUERTAS...


A THOUSAND DOORS
(Fotografía de Philipp Klinger)


Ahí estaba como en un sueño dentro de mi sueño;
sé que suena bastante extraño mas, 
la sensación terrible de angustia me carcomía las entrañas,
porque deseaba yo poder saber qué sucedía...
qué estaba pasando...
y finalmente, cómo iba a yo a salir de ahí.

Como en mi sueño lo único que veía era un túnel sin fin
con mil y un puertas que se reproducían una a una,
de súbito y con la agitación casi por salírseme del pecho,
desperté desesperada y con la almohada mojada por mi copioso sudor.

Respiré con mucho trabajo...
pero lo intenté nuevamente.

Hondamente...
Poco a poquito y sin abrir los ojos...
sentí que las palpitaciones se iban normalizando
y que el vacío interior que me me llenaba toda
se estaba yendo,
así como ése miedo terrible
que de repente me invadió.

Mas...
¡no podía creerlo!
¡Esas malditas puertas seguían presentándose
una a otra y otra y otra y otra y otra...!
¡Sentí morir una vez más!

¿Seguía durmiendo?...
¡Pero si ya finalmente había logrado despertar!

Las piernas no me respondían;
las manos tampoco podían tener voluntad de movimiento
y yo... ¡con deseos de salir corriendo y gritar a más no poder!
Pero no. Nada...

De súbito, abro los ojos...
Me doy cuenta de que una vez más, 
estaba soñando
o más bien, 
sufriendo de nueva cuenta 
en una cruenta pesadilla.

Respiro con tranquilidad.
Sí.
Todo ha sido un mal sueño...
y la sensación de miedo y angustia
parece que comienza a desvanecerse
pero...
¡no puede ser!
¡Qué terrible visión tengo delante de mí!

Una enorme puerta se me presenta
y dentro de ella otra...
y dentro de esa otra una más...
y otra, y otra... y otra...

Las fuerzas me abandonan.

Quiero morir para dormir y no despertar más
porque sigo soñando;
sigo atrapada en esta telaraña de puertas sin fin
que me dicen que una vez más
(y tal vez para siempre)
me he quedado dormida dentro de mi sueño
para no poder salir de él por el resto de mi vida.
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