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viernes, 29 de julio de 2011

LASTIMERA DESESPERANZA...


Have one on me... not
(Fotografía de Dennis Jarvis)

La calle se veía triste y sucia por doquier.
Era bastante lastimero el ambiente que privaba 
a lo largo y ancho de la misma.

Yo iba caminando despreocupado en realidad,
mas totalmente alerta a lo que pudiera presentarse.

Sin embargo, nunca me hubiera imaginado lo que ahí,
delante de mí, se encontraba postrado en el polvoroso suelo.

Era un hombre joven, por lo que se podía advertir;
totalmente abrazado a sí mismo...
como tratando de cubrirse o protegerse de las inclementes
circunstancias del tiempo o del clima que le rodeaban.

Me entristecía profundamente verlo así...
tan sucio... 
tan deteriorado...
descalzo y sin mayor posesión que su propia vida.

Por supuesto que no sabía nada de él 
ni de la situación que en esos momentos 
estuviera viviendo y que lamentablemente, 
le habían orillado a estar sufriendo de tan cruenta manera.

La gente que pasaba, le miraba de reojo;
una botella vieja y sucia,
de alguna última cerveza tomada, 
era el marco con el que se firmaba tal imagen.

¿Cómo saber quién era el hombre aquél?
¿Cómo poder conocer sus tristes razones de vida?
¿De qué manera, tal vez, intentar ayudarle?...

Nadie intentaba absolutamente nada por acercársele.

Incluso yo mismo... 
hablando para mis adentros, 
intentaba encontrar una simple excusa
para poder justificar el no poder ayudarle.

Seguí de largo;
me dije "esto es en todas partes,
en todos los países y en todas las ciudades..."
y haciendo un movimiento de "me da igual",
levanté mis hombros y continué mi camino.

Pensé que ahí quedaría todo.

Algo más que sucede en un cotidiano día de vida monótona y rutinaria.

¡Cuán equivocado estaba!
Porque a partir de ese día,
en mis noches de insomnio...
la imagen del hombre aquél, tirado como una basura en el suelo
se me presenta una y otra y otra vez.

Me reprocho el no haberle ayudado.
Me echo en cara el no haber sido buen ciudadano
y tratar, cuando menos, de reportar con alguien
(no sé... servicios médicos o autoridades, ¡qué sé yo!)
el que ese hombre yacía ahí, inerte.

Dios me perdone.
Dios nos perdone por tanto egoísmo.

Ojalá en lo sucesivo...
se me presente la oportunidad de resarcir
todo esto que no me deja tranquilo y que me atormenta
la conciencia con esa triste y cruel presencia
del hombre aquél, a quien no debimos dejar ahí,
como si fuese una partícula más de polvo en el viento...

Dios nos perdone...
ojalá quiera Dios perdonarnos.
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