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jueves, 21 de julio de 2011

MEA CULPA...


THE LOVERS 2
(Fotografía de Nesiho Asiraki)


Y una vez más, frente al mar aquéllos dos se encontraban.

Y no es que fuera algo rutinario, no.
Más bien, era algo ya inherente a ellos mismos
debido a que, en el mar encontraban las respuestas 
a las mil y un millón de cuestiones que les unían de por vida.

El por qué y el cómo 
(y desde cuándo realmente estaban juntos...)
no era lo que importaba.

Para ellos, el hecho único y absoluto de estar juntos compartiendo,
juntos anhelando y amando...
era lo que en verdad, marcaba el derrotero de sus vidas.

Sin embargo...
perfectamente sabían que lo suyo 
era un amor a todas luces no bien visto:
era un amor prohibido... 
ilícito y en la obscura y cruenta penumbra.

Amantes...
Así era como se asumían mas no por la condición
de tener que esconderse de los demás
para evitar lastimar cariños y corazones auténticos
de parte y parte.

¡No...!

Eran amantes por la condición propia y absoluta del amar.

Amantes por cuanto les significaba el goce eterno
de saberse compenetrados aún,
con el tiempo, con la distancia...
con las vidas en paralelo 
que cada quien llevaba con su cada cual.

Y por eso el mar les acallaba
las voces de remordimiento y de dolor,
al saber cuánto pudieran amar y entregar...
si no hubiesen otras historias con alguien más de por medio.

Alguien bueno e inocente;
alguien que confiaba y que amaba sin reparos...
alguien a quien, sin desearlo así,
se lastimaba y traicionaba con lo más sagrado.

Con lágrimas sutiles en uno
y amargas y copiosas en otro...
el oleaje parecía que a cada ir y venir,
les restregaba en el rostro
una y otra y otra vez 
su gran culpa
por amar aún cuando el deber ser 
dictara que no tendría que ser así.

"Mea culpa..."...
(y el sonido de las olas les gritaban calladamente)
"Mea culpa..."...
(y a lo lejos las gaviotas lejanas, les ensordecían
las almas acongojadas por las tribulaciones 
que les reprochaban su proceder egoísta y deshonesto)...

Y la calidez del aire que corría en aquélla playa solitaria,
se fundía en el abrazo de aquellos amantes,
que no querían dejar de sentir el contacto de sus manos...
porque sabían que,
al caer del día...
su gran amor también debería terminar
sin que hubiese vuelta de hoja,
ni segundas oportunidades...
ni marcha atrás.

"Mea culpa..."...
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