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lunes, 11 de julio de 2011

MUROS LISOS...









MUROS LISOS
(Fotografía de Roberto Obregón)





El cálido sol de verano se posa en aquéllos muros lisos;
es de tarde ya...
los quehaceres cotidianos en la pequeña casa
afortunadamente han cesado
y las labores y el ajetreo diario,
de a poco, han de acabar con la sutileza de un respiro.


El maravilloso sol, como digo, aún se aprecia
como es usual
en esta hermosa temporada en que todavía,
aún anocheciendo,
podemos decir que es de día.
La gente de la casa casi ya se ha vuelto imperceptible;
algunos ruidos por aquí y otros por allá
los van delatando de manera suave e intempestiva
mas, en realidad, ya casi de la algarabía del real cotidiano
poco es lo que queda.


No he comentado aún, de quién es la casita de la que hablo:
es la casa de mi madrina Eva, la eterna comadre
de mis papás y de toda la familia
(a decir verdad)...


La madrina Eva, como todos le llamamos,
siempre tiene los muros alegres y limpios de su pequeña casa.
Nos encanta a todos, ver esas plantitas
y macetas de todos tamaños
en todas partes del angosto corredor.


¡Adora las plantas, las flores y los pájaros!
Creo yo, que es una típica casa de pueblo...
sí, de esos pueblecitos que todavía existen en el interior
del país y donde pareciera que a veces,
el tiempo se detiene tranquilo... lento... suave.


Ella siempre nos recibe con una amplia sonrisa;
porque tampoco les he dicho que es una mulata enorme...
¡pero realmente enorme!
Con unos brazos impresionantes que pueden cargar
a dos pequeños niños a la vez,
sin que ninguno se caiga,
a pesar de que se muevan como lombrices.


Y guisa... ¡mmmm!
¡Para qué les digo!...
Como ella es de la región de Alvarado,
cocina toda clase de platillos costeños y con mariscos
tan deliciosos que nadie quiere salir de su cocina
cuando la vamos a visitar.


Mi madrina Eva es una gran mujer...
no tan sólo por su impresionante tamaño, no;
es una gran mujer por la calidad de su corazón enorme...
así de enorme como su corpulencia física.


Y esos muros lisos y alegres,
creo yo que reflejan la sencillez de su alma
y la alegría de su espíritu,
porque siempre para todos
tiene palabras de aliento cuando lo necesitas
y también acertados y amorosos consejos,
cuando no nos portamos bien o sencillamente,
cuando nos sentimos un poco incomprendidos o desolados.


Por eso yo cuando la visito,
siempre disfruto de esta vista tan bella
y tan llena de vida como ella:
con esos maravillosos muros lisos,
repletos de plantas
y de toda clase de macetas
con flores de hermosos colores...
así como diciéndonos:
"no te preocupes, porque aquí siempre
habrá cabida para tí y para lo que tú quieras,
con todo mi cariño y desde el fondo de mi corazón".






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