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martes, 19 de julio de 2011

POLVO EN EL VIENTO...


 
Fotografía: GOOGLE IMÁGENES


Caminando entre la maltrecha vereda
se veía a aquél hombre-niño
que con cansado aspecto recorría trabajosamente
el tramo que le faltaba para llegar a su destino.

¿Por qué digo hombre-niño?...

Porque segura estoy de que no podría tener más de 15 años;
15 años que, según lo que veía...
le costaban y le pesaban 
más que llevar una piedra sobre la espalda.

Ciertamente.
Era un niño aún...
y la vida ya le estaba cobrando la factura incluso,
por cosas que seguramente no habrían sido causa suya.

Caminaba lento... como arrastrando las piernas;
por la misma razón, había mucho polvo en el viento...
polvo que iba y traía recuerdos, pensamientos...
y quizá hasta nostalgia de la vida no conocida por él mismo.

En su carita de adolescente aún,
podían también advertirse cúmulo de ilusiones;
de sueños y de esperanzas que, como todo niño...
el jovencito aquél, tenía todavía por cumplir y por vivir.

¡Qué no hubiese dado por decirle algo...!
Algo que quizá hiciera que su semblante cambiara;
alguna palabra...
alguna sonrisa...
no lo sé a ciencia cierta.

Me llamaba mucho la atención que pareciera
que los pies (que no estaban descalzos)
le pesaban mucho más, tal vez,
que la problemática que llevaba a cuestas.


Y en un momento dado,
tuve toda la intención de correr hacia él...
alcanzarlo para decirle que, aunque desconocía lo que le sucedía,
que las cosas seguramente irían mejor.

Mas... ¡cómo decirle algo así!
Si ni siquiera sabía yo,
si había comido algo en el día...
o si su vida era terrible y llena de sufrimientos.

Lo ví alejarse.

No tuve el valor de acercarme a él
y seguí con mi vida cómoda y sin tribulaciones.

Al final...
sutilmente, el aire se sentía caliente todavía;
el sol, abrasador hacía de las suyas 
y con el polvo en el viento,
me quedé ahí, sin hacer nada...
sin decir nada...
y su imagen comenzó a perderse en la distancia.




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