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sábado, 16 de julio de 2011

RECUERDOS...

DAY 172
(Fotografía de 3AMMO)

Los recuerdos se agolpaban uno tras de otro;
era como estar en un sueño no muy definido...
¿sabes?...
La visión aquélla de esa bicicleta que una y otra y otra vez
se aparecía como una maldición,
no se borraba.

De hecho...
creo yo, que jamás desaparecería de mi vida.

En realidad, nunca fué algo no grato para mí,
sino absolutamente todo lo contrario.
En mis recuerdos más añosos,
siempre estábamos jugando con la vieja bicicleta.

O eras tú quien pedaleaba y yo era quien me trepaba detrás
o era yo quien hacía esfuerzos inconmesurables
por subir la cuesta con toda tu pequeña humanidad
como preciada carga, cuidada y anhelada.

No sé cuándo dejamos de jugar así...
tampoco ubico con definición,
en qué momento dejamos de ser niños
y nos volvimos hombres cruentos y ambiciosos.

Sí...
seguimos siendo los hermanos que éramos
porque nos une la carne y la sangre
que como sino compartimos.

Pero... la vida da muchas vueltas
y nosotros nos dejamos envolver por sus jugarretas.

Amar a una mujer: es lo esperado en un niño
que crece y se hace hombre.
Amar a la misma mujer... eso es un designio impensable
y que, como lastre, se carga por el resto de la existencia.

Los recuerdos nuevamente se agolpan uno a otro.

Veo a los lejos a dos hermanitos
que de la mano van con sus padres al cine
después de salir de la acostumbrada misa domincal
como un ritual sagrado de cada día domingo.

Cierro los ojos..
La bicicleta aquélla pareciera que me pide que olvide
que dejamos de ser niños para pelear como fieras
por el amor prohibido de alguien que no era para ninguno de los dos.

Tristemente, ése sino maldito
hizo que perdiera a mi mejor amigo:
a mi pequeño hermano que dejó tras de sí
el hondo vacío que deja la triste y cruel partida 
de alguien a quien amamos y amaremos tanto y tanto...

Ahora... soy viejo ya;
no me atrevo a buscar a ese pequeño niño
porque no existe más, ya que en su lugar,
otro hombre igual de gris y obscuro,
es quien existe pensando exactamente lo mismo que yo.

Creo que seguiré atormentado por la visión recurrente
de ésa hermosa bicicleta que,
en años maravillosos y de felicidad infinita...
dos amorosos niños que como hermanos vivían,
se turnaban a ratos y tandas
entre sonoras e inocentes carcajadas.
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