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miércoles, 17 de agosto de 2011

ATRAVESANDO EL BOSQUE...


ATRAVESANDO EL BOSQUE
(El Chaltén, Santa Cruz)
Fotografía de Juan Pablo

El sendero era cuesta arriba;
allá en lo alto, donde tal vez, las águilas y demás aves predadoras
hacen su preciado nido, era el lugar a donde tenía que llegar.

Ni pocos metros más,
ni muchos menos metros atrás.

Y con todo el pesar de los años y enfermedades a cuestas,
seguía, intentando con todo, continuar adelante.

Le costaba tanto trabajo caminar...
¡y el esfuerzo por respirar sin agitarse era impresionante!
Pero aún así, el hombre de apariencia frágil y vulnerable,
como si fuese una silueta desdibujada, seguía su penoso ascenso.

Las piernas le temblaban;
a cada paso sentía que, quizá, se le iba un poco de fuerzas...
y con la pérdida de las fuerzas mismas,
un hálito de vida se perdía entre el vaho que despedía su cuerpo.

La mochila que llevaba, en realidad,
no contenía más que un pedazo de pan y una pequeña frazada
tan ligera como un paño de tela más parecido a un retazo;
así que cargaba lo mínimo en peso para poder aguantar.

El agua que, de a pequeñísimos sorbos tomaba,
la llevaba colgada a un cinto, sin que le estorbara
en lo más mínimo en su andar
y tratando de economizar lo más posible su consumo.

Con sudorosas manos
que en tiempos mejores fueron fuertes y generosas,
el hombre aquél, quien de momento
pareciera perdía el equilibrio,
trataba de asirse de las pequeñas ramas y follaje
que a su paso cansado encontraba.

Laceradas...
Quemadas también por frío atroz,
las nobles manos le temblaban sin poder controlarlo;
porque el hombre aquél, comenzaba a sufrir
los estragos de su aventura tan desdichada.

No sabía cuánto tiempo le tomaría,
mas lo que sí tenía presente era que,
debía ganarle al tiempo y a la misma noche,
porque no tenía fuerzas para tratar de enfrentar
a alguna criatura de la noche que quizá, hambrienta,
quisiera atacarle.

Así que, aspirando lo más profundamente
con sus lastimados pulmones llenos de tabaco y humo
que en años mozos fueran su mayor orgullo,
el hombre se alistó para continuar y continuar en su ascenso...

Porque aunque le llevara la vida
tenía que subir;
seguir y seguir y seguir caminando...
tenía que llegar a la cima de la montaña
atravesando el denso y ya casi obscuro bosque
que ya le invitaba a dormir plácidamente,
con el riesgo de tal vez, ya no poder nunca despertar.

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