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domingo, 7 de agosto de 2011

EL LEÑADOR...


"Felling without falling"
Fotografía de Peter Hopkins 

Y allá, en lo más alto de la punta de los árboles,
se encontraba el hombre aquél;
joven, fuerte y vigoroso... pero, lo más impresionante aún,
tan decidido y sin temor alguno
a caer de tan impresionante altura.

Era un temerario leñador.

Quizá alguien pudiera decir,
¿por qué tanta admiración hacia un hombre como él?

Bueno, pues para mí
-y seguro estoy de que para cualquier
otra persona, ajena a ése, su mundo de frondosos árboles
cuya poblada punta casi besa el cielo-
sí sería totalmente arrojado el estar a una altura impensable
cortando ramas o en unos cuantos segundos,
cortar lo que queda de cierta parte del tronco.

El leñador, en su cotidiana labor,
lo más probable es que ni siquiera ya estuviese consciente
de que, su quehacer rutinario,
podría llevarle algo más que simples raspones o rasguños,
porque en una pequeñísima vacilación,
la vida misma le estaba en juego día a día...
minuto a minuto...
segundo tras segundo.

Para esos valientes hombres, de cualesquier punto geográfico
y estén donde estén, creo yo que casi nadie ha prestado
mucha atención a lo importante de su labor
y por ende, a lo riesgoso de su oficio.

Gente rudimentaria tal vez...
gente de toscas maneras, quizá;
pero gente de bien y de pensamiento simple y llano,
tan humilde y transparente como un luminoso amanecer.

Y los días pasan para todas las personas por igual.

También para este grupo de sencillos leñadores;
donde lo habitual se convierte en un fácil ritual
(cuando menos, así lo hacen ver, quizá)
y donde lo peligroso se confunde con lo realmente sin complicación.

Así son estos hombres, los leñadores;
quienes poseen quizá el privilegio que nosotros jamás conoceremos:
poder estar situados -cuando menos durante algunos minutos-
lo más alto posible, para sentir la calidez de los rayos del sol...
a pesar de la más espesa neblina que se pudiesen encontrar,
donde también, estarán lo más cerca que cualquiera de nosotros
de sentir la bondad y magnificencia del amor infinito
del gran Creador de todas las cosas hermosas de nuestro mundo,
de estar lo más cerquita probablemente...
del buen Dios nuestro, que día a día, les cuida amoroso
para que regresen con bien a casa y con sus queridas familias.

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